sábado, 8 de noviembre de 2025

INTRODUCCIÓN


    AMIGO LECTOR:
Lo que tienes en tus manos es un hermoso modelo de devoción a la Sma. Virgen, a través de varios siglos, en su advocación de NUESTRA SEÑORA DE GRACIA. La devoción a esta imagen fue siempre grande, por muy milagrosa y, además de otras demostraciones y ofrecimientos populares desde los tiempos antiguos, en Caudete (Albacete)  y Paracuellos de la Vega (Cuenca) se escribieron varias obras literarias.
  Según el carmelita P. Elías Mª Bañón, caudetano  y muy versado en literatura,
…  “Además del Compendio de la HISTORIA VERDADERA DE LA SANTA Y MILAGROSA IMAGEN DE MARÍA SANTÍSIMA DE GRACIA, que resumió cuanto los antiguos documentos contenían sobre de tradición de la veneración de la referida imagen, esta tradición se ha conservado y ha llegado al vivo hasta nosotros en tres documentos poéticos, rebosantes no menos en arte que en amor para nuestra Virgen de Gracia…
   Son estos, por orden inversa al de su nacimiento:
   LOS EPISODIOS CAUDETANOS  fuero compuestos en el último tercio del pasado siglo por D. Juan Vespa, secretario que fue del M.I. Ayuntamiento de esta villa… (Caudete).
   EL LUCERO DE CAUDETE, de mediados del pasado siglo XIX, ha conservado las mismas ideas épico-dramáticas y el mismo orden sustancial de las escenas de los primitivos AUTOS….
   LOS AUTOS DE NUESTRA SEÑORA DE GRACIA o HISTORIA POÉTICA, como se apellidan en históricos documentos, fueron compuestos por el médico de Caudete, D. Juan Bautista Almazán, el año de 1555 y representados por primera vez en la Parroquia de Santa Catalina de esta villa (Caudete) en 1617 con permiso del Sr. Obispo de Orihuela D. Andrés Balaguer. Demás de su legítimo valor histórico, pues fueron compuestos poco más de un siglo después de la APARICIÓN Y DESENTERRAMIENTO (1414-1555), son joya literaria de muy subido precio, según que ya se echa de ver por la sola nota externa de pertenecer a la época de nuestro apogeo literario.
   Pero, fuera de esta nota externa, están abonados por otras calificadas notas internas, de las cuales…
…es la primera: la trama histórica y el fondo épico-dramático de la obra…
   Es la segunda nota interna el alarde poético que hace el Autor en el desenvolvimiento del tema, ya que sus versos nos recuerdan más de una vez los encantos de nuestro Lope de Vega, la sutileza y ampulosidad de nuestro Calderón, la maestría y deliciosas cadencias del Maestro León, y parecen eco de Tirso de Molina y de Ruíz de Alarcón, así como se demuestra perito versificador, de elevado estro poético, en el uso que hace del endecasílabo en todas sus formas…
   Es la tercera, demás de la casticidad de las voces y giros que, como con hilo de oro, enhila y entreteje todo el discurso, el copioso empleo que hace de la frase clásica, tan propia de nuestra incomparable lengua, y que hemos intentado comprobar por algunas pocas notas, valiéndonos al efecto del Diccionario de Autoridades del Vocabulario del M. Gonzalo Correas, escrito en el primer tercio del Siglo XVII y de varias obras del P. Juan Mir S.J. que tan magistralmente trata estas materias.
  Por estas notas se echará de ver por vista de ojos, que no hablamos de nuestra bella gracia, al afirmar que el Autor es gran hablista y peritísimo en el conocimiento de la lengua, así como buen conocedor de las Sagradas Escrituras, del Dogma y de la Moral, de la Mariología, de la Psicología, de la Medecina, de la Mitología, de la Historia patria y general y de la topografía caudetana.
   Cuanto a la historia de los AUTOS, demás de lo que va dicho, en el año 1.758, Lorenzo Joseph Evangelio, Notario de Paracuellos de la Vega (Cuenca), milagrosamente curado por el agua de la FUENTE DE LA VIRGEN, pidió al Ayuntamiento de Caudete “los Autos o Comedias con que se festeja a Nuestra Señora, para hacerlos en esta”… y le fueron inmediatamente enviados por posta particular.
   No sabemos en qué estado de deterioro literario estaban los AUTOS al ser enviados a Paracuellos, ni cuándo ni cómo fueron devueltos a Caudete. Solo sabemos que Lorenzo Joseph Evangelio terminó la copia el año 1.762 y que los fervorosos hijos de Paracuellos han cuidado de representarlos con frecuencia, a lo menos cada cuarto de siglo. Fuimos, así mismo, testigos del gozo jubiloso que estos buenos hermanos nuestros sienten por los AUTOS, cuando el año de 1.957, quincuagésimo año de la coronación canónica, los representaron en la Plaza de la Parroquia con asistencia y aplauso del numeroso gentío. 
   Es de desear que perseveren en tan laudabilísimo amor y práctica….     

ACTO PRIMERO. JORNADA SEGUNDA.




        JORNADA SEGUNDA
                  
Dentro, gran ruido de algazara y al sonido de cajas y clarines, diga dentro Tarife:

Tarife..       Ea, africanos valientes,
                 conozca ese infiel Rodrigo
          y su reino miserable
          nuestro valor, nuestro brío;
          sea ejemplar horroroso
a los venideros siglos
          del hombre más desdichado
que se encuentre en sus escritos.

Aliatar..      Arma! Arma! Guerra! Guerra!
          Toque el Bronce y Metal fino
          a embarcar…                                       Tocan clarines.

Liodoro..    Y el bronco parche
          con su pavoroso estilo
          haga la seña…                                      Tocan cajas.

Todos..       A embarcar!

Tarife       ..        Guerra contra España, amigos!




N.B.:          Al igual que en la jornada primera, los textos escritos en  letra de imprenta se corresponden con fragmentos que, aunque no se hallan en los AUTOS SACRAMENTALES DE NTRA. SRA. DE GRACIA, DE PARACUELLOS DE LA VEGA (Cuenca), sí que aparecen en   EL LUCERO DE CAUDETE, versión de la misma obra que se conserva y representa en la localidad de CAUDETE (Albacete).



 

Tocando cajas y clarines salen Tarife, Aliatar y Lidoro en traje de moros.

Tarife                 Africanos valerosos,
          cuyas heroicas hazañas
          guarda el tiempo en sus archivos
          para ilustrar nuestra patria:
            El gran Miramamolín, 
cuyo esfuerzo y cuyas armas
darán para siempre envidia
a los nueve de la fama;
vencido de su valor,
y movido de las ansias
de ese Conde, a quién su Rey,
en vez de honrarle, le infama,
para restaurar su honor,
(si es que el honor se restaura
después de una vez perdido),
gente alista y naves arma.
  De mi valor satisfecho,
y de mis fuerzas, que bastan
para mayores empresas,
(aunque esta lo es de importancia),
me nombra por General
de esta poderosa armada:
que solo por ir yo en ella
tan alto nombre alcanza.
  A España es nuestra Derrota,
gloriaos de que vais a España,
no a ser tributarios suyos,
sino a domar su arrogancia.
  El valor que en vuestros pechos
he visto en otras jornadas,
no ha de ser menos en esta,
sino con mayor ventaja.
  De vuestros corvos alfanges
las cuchillas aceradas
no han de salir sin volver
con vuestro honor a la vaina.
  Ya corre por nuestra cuenta
de Don Julián la venganza,
de nuestro Rey la opinión
y todo el honor de Africa.
  Agradecedle a Mahoma
que, tras de venturas tantas,
hoy os lleva a ser señores
de una tierra fértil y ancha.
  A España pedidle albricias,
que con razón puede darlas:
pues, a pesar de sus Godos,
será nuestra tributaria.
  Dadle al Conde Don Julián
de este suceso las gracias,
pues os hará venturosos
a costa de su desgracia.
  Al Rey Don Rodrigo, dadle
el pésame, pues aguarda,
por una gloria tan breve,
una pena grande y larga.
  A la infeliz Florinda
dejadla por una Caba,
pues fue cabo de su honor
y principio de su infamia.
  Y a las naves, cuyas velas
servirán luego de alas
porque vuelen más ligeras,
también he de lisongearlas.
  Naves, cuyas aventuras,
ya con vientos, ya con calmas,
habéis sido vencedoras
de tormentas y de armadas;
baluartes movedizos,
montes de inconstantes playas;
instrumentos codiciosos
de intereses y de famas;
verdugos disimulados
de atrevidas esperanzas;
aduares de Neptuno
y portátiles montañas;
émulas de las que fueron
por tener un mundo, en nada,
a descubrir nuevos mundos,
y no quedaron premiadas:
pues que Seila ni Caribdes,
escollos, fuertes borrascas,
bajíos, golfos, estrechos,
escollos, Señor, ni playas,
no han podido dar con traste
a nuestras dichosas marchas,
porque Mahoma, os guardó
para esta insigne jornada:
id con próspero suceso
a la belicosa España,
a vencer los imposibles
que emprenden nuestras demandas:
que si aquesta conquistáis
que el Ser del Mundo es llamada,
las demás tendrán a dicha
seros siempre tributarias.
  Haced con cuerdo valor
tan prodigiosas hazañas
que pierdan el nombre aquellas
de los fieros Argonautas.
  Ganad las famosas tierras
de aquesta gente gallarda
que, solo porque os compite,
merece ser estimada.
  Desplegad, naves dichosas,
al viento las velas blancas,
porque sepa que son mías,
para que cese esta calma.
  No temáis, pues vais conmigo,
del mar las olas hinchadas,
que al poner el pie en vosotras
le haré bajar las espaldas.
  Y vosotros, mis soldados,
ilustre gente africana,
gloriaos de que vais conmigo,
que para envidiaros basta.
  En los mayores peligros
y en las mayores batallas,
siempre saldréis vencedores
solo por quien os ampara.
  Y pues que el mar, codicioso
de vernos sobre sus aguas,
porque estemos más seguros
sus fuertes brazos alarga.
  Hagan alto las Galeras,
y en acabando la salva,
toque el clarín a embarcar
y a marchar toquen las cajas.

Aliatar        Hágase como lo ordenas:
hagan los soldados salva.                     Disparan.

Lidoro        Toquen a marchar las cajas
        y el clarín, y.. !Guerra a España!    Tocan y Vanse. 



  Sale Mireno con saco de penitente y un crucifijo en las manos.

Mireno..     Figura que pasando el tiempo engaña;
        flor que marchita el caluroso estío;
        bambolla hecha en el agua, vapor frío;
        correo de la muerte, débil caña;
        sombra hecha de la tela de una araña.
          Ave ligera, despeñado río,
        hoja de árbol y veloz navío
        que navega este mar a tierra extraña.
          Un punto indivisible, un leve sueño,
        torcido leño, muerte prolongada,
        es la vida del hombre desabrida!
          Miserable de mí, si es tan pequeño
        el curso de mi edad, que es cuasi nada,
        Cómo pasé tan mal tan corta vida!        
          Y pues que ya estoy arrepentido,
        Señor, misericordia y perdón de mis faltas pido!

  Pónese a hacer oración y salen los bandoleros 1º y 2º. Llevan a un clérigo maniatado, y un bandolero la estampa de la Virgen.
Clérigo..     Solo os quiero suplicar,
ya que tengo que morir,
                que me dejéis adorar esa imagen.
Band. 1º    Es pedir lo que no se le ha de dar;
                si tanto siente el dejarla,
                suspire si puede, o llore.

Clérigo       ¿Es posible? Oh vil canalla,
                dejadme pues que la adore
                ya que no puedo abrazarla.
                Pues que mi dichosa suerte,
                para prueba de mi fe,
                me puso en trance tan fuerte,
                dádmela; así Dios so dé
                buena vida y mejor muerte.

Band. 2º    ¿Ya no le han dicho que acabe
                y que mercedes no pida
                a quien hacerlas no sabe?

Clérigo       Pues dejad que me despida
a lo menos que la alabe.

Band 1º     Ya de importuno es pesado,
                ¿no basta, una vez u dos,
                haberle dicho, o mandado, que calle?

Band 2º     Y, cuerpo de Dios!
                ¿no basta al desvergonzado
                que se lo digan?                       Dale una bofetada.


Clérigo       Amigo, si mal hablé, bien hiciste
                en darme aqueste castigo;
                y si bien ¿por qué me diste?

Band 1º     Que calle, otra vez le digo, antes que…!         Amenázale.

Clérigo       Ni yo te doy ocasión, ni te resisto;
                dame otro, que aquí estoy.
                Que yo no soy más que Cristo:
                antes bien, su hechura soy.

Mireno       No puedo más resistir
                el sufrimiento, tiranos!

Band 1º     ¿Quien eres?

Mireno       No hay que pedir quien soy,
                sino que esas manos desatéis.

Band 2º     Para morir se le ataron,
                y, hasta tanto que haya muerto,
                no es posible.

Mireno       De mi paciencia me espanto.
          Gente indómita y terrible ¿no me conocéis?

Clérigo       En llanto me deshago de alegría
          de ver lo que viendo estoy!

Band 1º     Este, en la fisionomía, ¿no es Mireno?

Mireno       Sí, yo soy; pero no el que ser solía.
          Eran un tiempo estas manos
          instrumentos con que el pecho
          había hecho tiranos;
          pero ya Dios las ha hecho
          protectoras de cristianos.
            Era gran perseguidor
de Cristo y su Madre hermosa,
pero ya, (aunque pecador),
para mi gusto no hay cosa
como morir por su amor.
  Era hace un tiempo, (que el decirlo
me avergüenza), en el desierto
vuestro adalid y caudillo;
pero ya, si no os convierto,
he de ser vuestro cuchillo.
  Si algún dia, porque os di
mal ejemplo o mal consejo,
hicisteis mal, veisme aquí,
que vengo a haceros espejo
para que os miréis en mí.
  Si os enseñé crueldades,
juegos, vicios, inquietudes,
mentiras y vanidades,
yo os enseñaré virtudes
y os predicaré verdades.
  Si estáis por mí en tal estado
razón es que os certifique
de su peligro y cuidado:
que no hay quien mejor predique
que un hombre desengañado.
  Creedme, que poseéis
una vida mal segura,
y en vuestra edad no fiéis,
que sois hoy, y por ventura
mañana ya no seréis.
  Considerad que se escriben
la vida del malo y bueno
en un libro mientras viven,
y que en estando este lleno
su pena o gloria reciben.
  Si es así,  vuestros delitos
os deben dar mil congojas,
porque son tan infinitos,
que estarán llenas las hojas
donde Dios los tiene escritos.
  Si es infalible verdad
esto que os voy predicando,
¿no veis que es temeridad
ir la enmienda dilatando
y proseguir la maldad?
  Número determinado
tiene el pecar; ¿que sabéis
si el vuestro está rematado,
o para que os condenéis
os falta solo un pecado?
  Temed a Dios; miradle, hermanos,
amarrado en un madero
por unos tigres tiranos,
hecho de león, cordero,
clavado de pies y manos.
  Venid hijos, y estad ciertos
que, si dejáis los pecados,
están estos brazos yertos
para castigar clavados,
y para abrazar, abiertos.
  Por aquí, por el costado,
os podéis entrar seguros:
que es portillo que ha dejado
en los soberanos muros
de aquel Alcázar sagrado.
  Miradle con atención
y le veréis que está abierto,
no sin muy gran ocasión,
por ser puerta, y también puerto,
para vuestra salvación.
 Amigos, ya ¿a qué aguardáis?
Pues en una cruz le veis
a pecar más no volváis,
que cuantas veces quedáis,
tantas le crucificáis.

  Ea! Pues tenéis ventura,
llegad a pedir perdón,
pues él mismo lo asegura:
ya que tenéis ocasión
no perdáis la coyuntura.

Band 1º     Mi Dios, aunque sois tan bueno,                  
          no osaré pedir clemencia
          estando de culpas lleno
          mientras no haga penitencia;
          voime a hacerla. Adiós, Mireno.                   
                                              De rodillas Vasse.
Band 2º      Por veros, mi Dios, asido                          de rodillas.
          a una cruz pesada y dura,
          perdón de mis culpas pido:
          no pierda la coyuntura
          como algunos la han perdido.                       Vasse.

Mireno       Gracias a Dios que quedé
          esta vez con la victoria.

          Dos almas, Señor, gané

           para Vos, pero la gloria
          también es bien que os la dé.
            Perdóname si he tardado
          en venir a desatarte.                                    Desátale.

Clérigo       No hay perdón si no hay pecado;
          déjame entrar en la parte
          de la gloria que has ganado.
            Dichoso tú, que has podido
          con eficaces razones
          ganar tan alto apellido
          dando al cielo dos varones
          que tanto lo han perseguido.

Mireno       Ya que en libertad estás
          dime quien eres, si puedo
          saberlo, y adonde vas.

Clérigo       Tan obligado te quedo
          que haré por tí mucho más.
            Mi propia patria es Sevilla,
          mi nombre de pila Lópe;
          mis padres no son muy ricos,
          ni tampoco son muy pobres.
            Mi linaje, el de los Laras,
          cuyos antiguos blasones
          darán lenguas a la fama
          y envidia a todos los doce.
            Mi viaje es a un convento
          no muy lejos de aquí, donde
          a la que es Virgen y Madre
          sirven unos santos monjes.
            Mi profesión es de letras;
          mi estado de sacerdote;
          mira qué de cosas juntas
          te he dicho en breves razones.
Mireno        No pases más adelante
          y perdóname que corte
          el hilo a tu historia insigne.
            Déjame, Señor, que adore
          humildemente la tierra
          adonde las plantas pones.
            Y de verme que me humille,
          ni me alabes ni te asombres,
          que el ser sacerdote,  pide
          que así te estime y me postre.
            Dichoso tú, una y mil veces,
          y por muchos años goces
          una dignidad que el ángel
          a la suya la antepone.
            Y con muy justa razón:
          porque si con ella un hombre
          puede, con cinco palabras,
          hacer que el pan se transforme
          ¿que dignidad hay tan noble?

Clérigo       De ahí podrás inferir
          la obligación que nos corre
          de ser buenos, si el oficio
          en tal alteza nos pone;
          y también entenderás,
          pues su dignidad conoces,
          la reverencia que deben
          a tan soberano orden.
            Pero volviendo a mi historia,
          digo, venturoso joven,
          que vengo a ver esta imagen
          tan nombrada en todo el Orbe.
            Visitaré la Capilla,
          en cuyas rejas de bronce,
          Bordón, sombrero, esclavina,
          pienso colgar esta noche;
          que pues Dios, por medio suyo,
          de esta y otras ocasiones
          quiso librarme, no es bien
          que más a buscarlas torne.
            Tomaré el hábito santo
          de estos insignes varones
          antes que el mundo, otra vez,
          más en sus vicios me engolfe.
            Esta es mi historia, y pues sabes
          ya quien soy, no es bien que ignore
          quien eres, y así te ruego
          que de quién eres me informes.

Mireno       Bien me quisiera escusar,
          pero por que no me notes
          de descortés, aunque sea
renovando mis dolores,
te diré quien soy, y advierte
que si te enfado, perdones.
  Mi propia Patria es Caudete;
Mireno mi propio nombre;
mis padres, hombres de bien;
mi linaje, antiguo y noble;
mis obras, como mi vida,
ella mala y ellas torpes;
porque adulterios, incestos,
raptos, estupros, rigores,
mentiras, incendios, muertes,
sacrilegios, turbaciones,
y en efecto, todo cuanto
hoy la malicia conoce
por enemigo de Dios,
cupo en mi pecho de bronce.
 El primer atrevimiento
que tuve, fue a los catorce
años, y fue darle palos,
por pedir limosna, a un pobre.
  El segundo fue que un dia,
porque con buenas razones
me reprendieron mis padres
de unos lascivos amores,
les pagué este justo celo
con dar al uno de golpes
y al otro de bofetadas.
  Oh, Cielo Santo, que oyes
estas culpas, no te ofendas!
   Salí a rondar una noche
con unos amigos míos,
como yo, si no peores;
tuvimos una pendencia:
salioles bien, y valioles;
convidéles a comer,
y por ciertos pundonores
con su muerte cada uno
me pagaron el escote.
  Di veneno en la comida
a todos los confesores
que dejaron de absolverme
o me dieron reprensiones.
  Los robos, los homicidios,
la crueldad, las traiciones
que en estos diez años hice,
los saben los cielos once;
y tú también los sabrás
despacio, querido Lope,
cuando a tus pies, de rodillas
te los confiese y los llore.
  Y porque estarás ayuno
(si no és de algunos golpes
que antes de verme te dieron
los que a mi Dios no conocen),
te suplico que me si gas
a una cuevecilla pobre
que me ha labrado ya el tiempo
de los peñascos de un monte.
  Allí, con frutas silvestres,
que en estos valles se cogen,
y con pan, aunque algo duro,
podrás pasar esta noche.

Clérigo       Vamos adonde quisieres;
          que esa cueva, albergue o bosque,
          estimaré, por ser tuya,
                                         en más que del Rey la Corte.           Vansse. (sic.)



          Sale el Bandolero 3º con una estampa de Nuestra
        Señora en la mano y el Hermano acechándole por
        detrás.

Band. 3º    Yo, soberana Reina, a quien el Padre
          toda hermosa llamó, soy quien ha sido
          enemigo mortal de ese retrato;
          pero si soy quien tanto os ha ofendido,
          también soy por quien sois Virgen y Madre,
          pues lo sois por el hombre, y su mal trato:
          pero pues me retracto
          de todo lo que fui, yo os hago voto
          de ser vuestro devoto.
            Dadme de tantas gracias, Virgen, una,
          que si me dais alguna,
          palabra os doy de ser, aunque me ultrajen,
          eterno defensor de vuestra imagen.

Hermano    !Por vida de Fray Clemente,
          que yo no he bien mirado,
este es aquel desalmado
                  que nos trajo aquel presente de los cirios!

Band.         !Gran contento siente ya mi corazón!

Hermano    !Preso por la Religión…!            Agárrasele por detrás.
          !y ayuda aquí del convento!
          !que se me defiende, ayuda!

Band.         DEO Gracias, Padre Clemente,
          no tiene que llamar gente:
          que cuando ninguno acuda,
          palabra doy de no irme.
            Óigame, se lo suplico!

Hermano    ¿Como “óigame”? replico
          y digo que no he de oírle.
          !Hola, aquí del convento!

Band.         Paciencia.
          ¿para qué, sin fundamento,
          quiere inquietar al convento?
            ¿Hágole yo resistencia?

Hermano    Puede hacerla, y aun por eso

             quiero prevenir la gente.



Band.         Hermano, mire que se cansa en vano:
          lléveme, si gusta, preso.

Hermano    ¿Si gusta, dijo? No ando tras otra cosa.

Band.         Pues vamos, si tan conformes estamos.

Hermano    Aguarde, que estoy pensando
          donde estará más seguro.

Band.         Donde quiera lo estaré;
          y si aquí quiere que esté,
          no irme de aquí le juro.
            Créame, Hermano Clemente, que lo haré.
Hermano    Hermano mio,
          yo ya no creo ni fío
          en hombre que una vez miente.
            Si vos en la vez primera,
          cuando el presente engañoso,
          no fuerades mentiroso,
          ahora bien os creyera.
            Esto tiene entre la gente
          quien miente en publicidad:
          que dirá después verdad
          y siempre dirán que miente.
            Yo bien tengo de costumbre
          echar algún juramento,
          y, a veces, cincuenta y ciento,
          pero mentir, ni por lumbre.
            En tan buen predicamento
          estoy con todos, que ya
          mentiré, pero no habrá
          un hombre que crea que miento.
            ¿No habéis oído decir
          un refrán, (que así se llama)’
          ea, cobrad buena fama
          y echaos después a dormir?
          Pues de esa manera he hecho;
          y aunque el mentir es infame,
          seguro a dormir me echo.
            Si vos, hermano, en buen hora,
          la primera vez que os vi
          lo hubierais hecho así,
          yo os diera crédito ahora.
Band.         Si entonces, hermano mio.
          Mi fe y crédito perdí,
          aquí, pues que le perdí,
          ganarlo ahora confío.
            Ya, hermano, desde aquel dia
          que tuve aquel mal intento
          de dar fuego aqueste convento
          no soy el que ser solía.
            No bien apenas dejé
          los cirios, cuando sentí
          tan grande mudanza en mí
          que dije: !Señor, pequé!
            Conocí mis desvaríos,
          y para poder en junto
          lavar mis culpas, al punto
          hice mis ojos dos ríos.
            Ólgueme, desde aquel dia
          lloraron mis ojos tanto:
          porque quien siembra con llanto
          coge frutos de alegría.
            Como las lágrimas son
          para Dios perlas de Oriente,
          hícele de ellas presente
          para obligarle a perdón.
            Ahora que lloré, quiero
          confesarme, que es razón
          que la buena confesión
          debe llorarse primero.
            Confesáreme, y gozoso
          le pediré al Padre Abad
          me dé su Paternidad
          el hábito religioso:
          que pues esta casa fue
          donde a Dios tanto ofendí,
          muy justo será que aquí
          satisfaga lo que erré.
Hermano    Si solo en eso te fundas
          soy de condición extraña:
          hombre que una vez me engaña
          no me engañará segunda.
            Miren por donde, pensó
          cogerme ahora: hermanito,
          él bien puede estar contrito,
          pero no lo creo yo.
            !Miren qué satisfacción
          me trae tan suficiente!

Band.         El verme estar penitente
          muy bastante indicio és
          para creer que no es lisonja.
Hermano    !Gana me da de reír!
          ¿Qué, nunca ha oído decir
          que el hábito no hace al monje?
            Hermanito, vive Dios
          que siempre me estoy en esto:
          que quien sabe hacer un cesto
          dicen que sabe hacer dos.             
  Lo que es irse a confesar
nadie habrá que se lo impida,
pero el hábito no pida
que no se le ha de dar.
  Si quiere saber por qué,
sabrá que esta Religión
tiene una constitución
que dice que no se dé
el hábito religioso
al hombre que se le pruebe
que no hecho lo que debe,
o es o ha sido mentiroso.
  Por tanto no habrá remedio
de salir con su intención,
porque la constitución
le coge de medio a medio.
  Y así, lo que podrá hacer:
en haberse confesado
irse donde se ha enseñado,
porque bien lo ha menester.
  Suéldese,  una vez allá,
sirviendo al  Rey, desdichado,
y en estando buen soldado
volviérase para acá.

Band.         Hermano, por caridad
          le ruego, no me detenga,
          sino que conmigo venga
          a ver nuestro padre Abad.

Hermano    ¿Nuestro padre, dice ya?
          !Por Dios, bonitos estamos!
¿No asamos y ya empringamos?    
Vamos, que él se lo dirá.



   Salen el Abad, Fray Rodulfo y Fray Federico, como
en la Iglesia, y estará Nuestra Señora puesta en él
altar, y habrá cuatro sillas puestas en orden.


Abad.         Padres, ya en otra ocasión,
          si se acuerdan bien, les dije
          que debe tener quien rige,
          en todo gran perfección.
            Porque, bien considerado,
          si él está de vicios lleno
          no será el súbdito bueno,
          viendo que es malo el Prelado.

F. Rod.       Bien, Padre, nos acordamos,
          y también que respondimos
          que por eso le elegimos:
          porque perfecto le hallamos.

F. Fed.        Padre, ¿qué bien hay donde no está?
          ¿Quién virtudes no ejercita?
          ¿Quién mal costumbre no quita
          a quien mal ejemplo da?


Abad.       ¿ Paréceles que si fuera
          yo cual el vulgo imagina,
          que esperara tal ruina
          esta casa, cual espera?
            Si fuera tal mi opinión
          con Dios, ¿no es averiguado
          que no me diera cuidado
          ninguna tribulación?
            ¿Diérame a mí que pensar
          lo que ya me da temor,
          que es el furioso rigor
en que el moro ha de llegar?
            ¿Temiera yo que esta Imagen,
          (que aun de imaginarlo lloro),
          él le perdiera el decoro
          e hiciera que nos la ultrajen?
            !Temiera yo que este templo,
          que ha sido tan celebrado,
          viniera a ser asolado,
          como ya me lo contemplo?
            ¿Temiera yo, aunque me viera
          de persecuciones lleno?
          No, porque si yo fuera bueno
          ninguna cosa temiera.

F. Fed.        Pues eso confirma más,
          Padre Abad, nuestra opinión,
          porque los que buenos son
          no están sin ellas jamás.
            Y por escusar razones,
          no tengo, Padre, por justo,
          al que ni tuvo disgusto
          ni pasó tribulaciones.

F. Rod.       No le den, Padre, inquietud
          esos temores que lleva,
          que son crisol en que prueba
          el oro de su virtud.         
            Que cuando el Conde arrogante
          pase esa gente sin fe,
          no faltará un Josué
          que se le ponga delante.
            Y cuando tantas injurias
          pretenda hacer en rigor,
se atajará su furor
con irnos a las Asturias.
   Sale el hermano, como enfadado y que quiere detener a uno, diciendo:
Hermano    No ha de entrar, tenga paciencia
          si puede, que no está malo.
            Padre, el Señor Don Gonzalo
          pide, para entrar, licencia.

Abad    ¿El que tan de casa es,
          pide licencia? Al instante
          diga que entre.

Hermano    No se espante, que eso tiene el que es cortés.
          Hermanito, no hay entrada;
          ya sabe en resolución
          nuestro Padre su intención
          y dice que no hay lugar.
            Vuestra Merced solamente,
          señor Gonzalo, entrará.
            Hola! Retiraos allá,
          no seáis impertinente.

                  Sale Don Gonzalo, con bastón.

D. Gonz.     A Vuesa Paternidad beso los pies.

Abad                  Oh Señor! ¿A un tan grande pecador?

F. Rod.       Maravillosa humildad!

Abad    Vuessa Merced tome asiento
          y, si secreto no es,
          lo tomarán todos tres.

D. Gonz.     Público es, Padres, mi intento.
                        Siéntanse todos y también el  Hermano.

Abad    Hermano ¿qué desacato

          es ese? ¿en mi presencia
          se sienta sin mi licencia?

Hermano    Pues si hace a todos el plato
          ¿no fuera descortesía?

Abad                   Más el sentarse lo es.

Hermano    Como dijo “a todos tres”,
          pensé que me comprendía.
                         (juzgué que a mí me decía)

D. Gonz.     Ya Vuessa Paternidad
tendrá muy larga noticia
del origen del cual nacen
tan infelices noticias.
                 (tan grandes melancolías).

Hermano    Eso ¿quien hay que lo ignore?
          Los niños de la doctrina
          van diciendo por las calles
          que son Rodrigo y Florinda.

Abad                   Hermano, sálgase afuera

          y mire si en la cocina
          hay algo que hacer.
            Perdone Vuessa Merced y prosiga. 
                                                       Al paño el Hermano.
D. Gonz.     Culpan todos nuestro Rey,
          y si sin pasión se mira
          no le agravian, porque todo
          se le debe de justicia;
          porque si su antecesor
          (cuya abominable vida
          refiriera, si no fuera
          tan torpe como prolija),
          dejó a España tan postrada
          que cuasi todos tenían
          por Dios su propio apetito
          y por Ley su fantasía.
            Hizo deshacer las armas
          por temores que tenía,
          que no hay hombre más cobarde
          que el que lleva mala vida.    
            Dejó, al fin, la triste España
          en todo tan oprimida
          que solamente de vicios
          quedó por extremo rica.             Sale el Hermano.


Hermano    Y, cuerpo de Jesucristo,
          ¿de tantos malos, no habrá
          alguno que le acabara?

Abad                  Hermano, se determina

        obedecerme, o si no le castigaré.        Vase el Hermano.
                 Prosiga Vuessa Merced, y perdone.



D. Gonz.     Digo, pues, que el Rey debía
reformar estas costumbres,
así como se ejercita
enfiestas, toros, festejos
y otras cosas menos dignas.
  No digo yo que los reyes
nos entretengan, mas digan
si fuera muy justo, ahora
que el Conde guerras publica,
trocaran los pasatiempos
en buscar gente lucida,
en que se arbolen banderas,
en que se hagan compañías,
en que se prevengan armas
y en que todos se aperciban.
  Nunca el Conde Don Julián,
(aunque su afrenta sentía),
se vengara, si no viera
a España tan oprimida.       (a España tan desvalida)
  Pero dejando esto aparte,
                                                       que no es razón que se diga
                                                       sin lágrimas en los ojos,
Caudete, Padres, me envía
a dos cosas: la primera
a suplicar que se sirva
mandar a sus religiosos
que, con oraciones pías,
le pidan a Dios que envaine      le pidan a Dios que amaine
la espada de su justicia,             la nave de su justicia
que, contra la triste España
con viento en popa camina.
  Y la segunda: si acaso,
(lo que el cielo no permita),
en tierra saltare el Conde
con su Armada, y nos aflija
con hambre, cercos o armas,
si será bien que la Villa
se defienda, o se le entregue.
                                                    Sale el Hermano, deprisa.

Hermano    !Digo que no! y voto a Dios,
          que al hombre que se le rinda
          le tendré por un infame
          y por muy grande gallina.
Abad          !Jesús, Hermano! ¿es posible?
          Realmente que me obliga
          para que me enoje; acabe,
          y váyase a la Portería.

Hermano    Yo me iré, pero…


Abad                    Perdone, Vuessa Merced, y prosiga.

D. Gonz.     Tuvimos ayuntamiento
          y hubo algunos que decían
          que se dieran, pero otros que no.

Hermano    !Cien mil años vivan
          los que fueron de ese voto!
          …perdone, que ya me iba,
          sino que de paso oí
          estas palabras divinas
           y no pude ir adelante;
          pero iréme, no me riña.

D. Gonz.     Vuesa Paternidad vea
sobre esto qué determina,
porque de su parecer
pende nuestra muerte o vida.

Abad          Quisiera en esta ocasión,
noble Gonzalo de Lara,
que Dios moviera mi lengua
para decir dos palabras.
  A lo que Vuessa Merced
por su embajada me manda,
respondiendo a lo primero
digo: que lo harán sin falta.
  A lo segundo, respondo:
que cuando estuviera España
con las fuerzas que algún tiempo
y con sus caballos y armas;
que tuviera por afrenta
que al moro se le entregara;
que, en efecto, vale más
morir con glorioso nombre
que no vivir con infamia.
  Pero si sabemos todos
que, aunque en el pueblo hay murallas,
y pueden ponerse en ellas
gente de esfuerzo en su guarda,
como sin armas estén,
será de poca importancia:
que, hombre en la guerra, sin ellas
es como un cuerpo sin alma.
  Y, así pues, Señor Gonzalo,
supuesto que no las haya,
tengo por mejor acuerdo, que se dén.
                                           Sale el Hermano.

Hermano    !Yo lo jurara!
                Y, cuerpo de Jesucristo,
                ¿quién, sino Vuecencia osara
                dar parecer tan cobarde?
                  Señor Gonzalo de Lara,
                dígales que digo yo
                que yo solo, cuando traiga
                el Conde con él más moros
que pelos tengo en las barbas,
me atreveré a resistirlos
y aún a hacerlos mil tajadas.

Abad          hermano ¿está en su juicio?

Hermano    Sí lo estoy, ¿pero quien basta
                para tener sufrimiento
                en tal ocasión?

Abad          !Deo Gracias!
                So pena de inobediencia
                le mando que se retraiga
                a su celda y que, hasta tanto
                que se le mande, no salga
                por ninguna cosa de ella.


Hermano    Y.. ¿no bastara, si manda,
                sin pena de inobediencia,
                irme sobre mi palabra?

Abad          Como la mantenga, sí.

Hermano    Sí la mantendré.

Abad        Pues basta.                              Vasse el Hermano.

F. Rod.       Aunque nuestro Padre ha dicho

        con su elocuencia ordinaria             con prudencia y elegancia
        y su admirable prudencia                en caso tan apretado
        lo que importa que se haga;
        con todo, con su licencia,
        diré cierta repugnancia
                que siento de darse al moro.

Abad                Dígala.

F. Rod.       ¿Que confianza
          se ha de tener de un infiel
          (que al fin infieles se llaman             cuando palabra no guardan
          los que aborrecen la fe)                     los que aborrecen la fe,
que cuando ya se le haya                 y es dable que cuando se haya
entregado en paz el pueblo,             en paz entregado el pueblo,
por ser de secta contraria
por lo que a él se le antoje
nos mande que nadie haga
ceremonias de cristiano:
que nadie a la Iglesia vaya,
que no se adoren reliquias           ….  que se derriben los templos,
ni se hagan las fiestas santas;            que se arrojen a las llamas
pues si puede hacerlo el moro,            las reliquias y los Santos,
por mejor tengo que salgan                y otras locas, temerarias,
y se entreguen a la muerte                 bárbaras, viles acciones,
que vivir en tal desgracia.                  que todo cabe en su saña;
                                                            y pues puede hacerlo el moro,
                                                                       tengo por mejor que salgan..
F. Fed.        Eso mismo me parece:
          más vale ganar la palma
          del martirio alegremente,
          que es dar vida eterna al alma.
Soy del mismo parecer:
más vale ganar la palma
del martirio alegremente
que no ver vilipendiadas
las Imágenes Divinas,
y hechas mezquitas sus aras.
            Mayor gloria ganaran,
          si,  por defender su patria,
          muriesen, que si cautivos
viviesen por no dejarla.
  Esto siento y esto digo.


     Sale el Hermano, con un frontal por bandera, y
   sombrero.

Hermano    !Toque a marchar esa caja;
                vaya con orden la gente;
                nadie de su hilera salga;
                marchen todos a compás,
y hasta que al cuerpo de guardia,
que es la portería, llegue,
ninguno pase.
Abad        !Deo gracias!
                Hermano Clemente ¿que es aquesto?
                ¿que invención es la que saca?
Hermano    No son invenciones, no:
una compañía es, gallarda,
que he juntado brevemente
entre los monjes de casa.
 Es el capitán, Vuesencia;
el Padre Cabo de Escuadra;
Fray Federico, sargento;
yo, alférez, y mi camarada
es el paje de rodela;
tambor, el Padre Guevara;
pífano, Fray Angelino;
furriel, Fray Tacamaca;
Fray Lupercio, pagador;
aposentador, Fray Lana;
y los demás, como son
Fray Clímaco, Fray Andrada,
Fray Estéfano, Fray Jorge,
Fray Pedro y Fray Salamanca,
como más prácticos, vienen
los seis en la retaguardia.
  Fray Leopoldo, Fray Silvestre,
Fray Cristóbal, Fray Carranza,
Fray Sancho, Fray Berenguer,
Fray Crisóstomo, Fray Lara,
con Fray Marcos y Fray Lucas
van siguiendo la vanguardia.
 Los Novicios, los Coristas,
Donados y gente que anda
entre platos y escudillas,
tienen cuenta con las cargas.
  Esta Compañía he hecho
por verle que se acobarda
de cuatro moros descalzos.
  Ea! mi Padre ¿qué aguarda?
venga a embrazar la rodela;
venga a ceñirse la espada
y no tema, que aquí estoy.
  Y, porque la gente marcha
sin orden, no me detengo.
Abad          Por segunda se le manda,
                so pena de inobediencia,
                que de la Iglesia se salga
                sin hacer réplica alguna.
Hermano    Padre mio ¿no repara
                que ese precepto es injusto?
                ¿Soy yo de sangre judaica,
soy hereje, soy idólatra,
que de la Iglesia me saca?

  Vuesa Reverencia advierta
que me ofende y que me agravia,
y que soy cristiano viejo,
y soy de sangre fidalga,
y puedo estar en la Iglesia
tan bien o mejor que el Papa.
y… !voto a Dios! si otra vez
me lo dice, que…                        Amenaza al Abad, y le
        detienen los Padres y D. Gonzalo.

F. Rodulfo          !Deo gracias…!

F. Fed.        Téngase, Hermano ¿qué es esto?
                ¿Adónde va? ¿no repara
                que es su prelado, y que puede
                mandárselo?
D. Gonz.     Hermano, vaya y repórtese,
                  y después podrá volver.



Hermano    Noramala para quien me puso monje!
          Señor Gonzalo de Lara,
          haré por Vuessa Merced
          cosas de más importancia,
          que esto es una niñería;
          pero diga… ¿quién osara
                  echarme a mí de la Iglesia,
          sino quien quizá…?   Más, basta,
          y sea su gusto, para que
          no se hable más palabra.                      Vasse.

Abad                  Terrible es, por vida mía,
          si una vez se dispara.            
                                                                      Sale el Hermano.
Hermano    Señor Gonzalo, pregunto:
                Vuessa Merced no me manda
                sino que me salga ahora…
                ¿que lo que será la entrada
                no se me impide?

D. Gonz.     No, Hermano.

Hermano    Pues en eso reparaba.                    Vasse.

D. Gonz.     Las Vuessas Paternidades
han dado su parecer;
y por él, echo de ver
algunas dificultades.
 Pero, al fin, si se estuviera
España como se estaba,
eterno nombre ganaba
quien su patria defendiera.
  Pero estando de tal suerte
como la consideramos,
es fuerza, si peleamos,
dar en manos de la muerte.
  Y si no nos resistimos,
sino que nos entregamos,
en nuestra patria quedamos
y entre los nuestros vivimos.
  Pero también es verdad
infalible, y admitida,
que si ganamos la vida
perdemos la libertad;
y que sin ella, en efecto,
queda el hombre más honrado
con vida, pero afrentado
y a mil miserias sujeto.
  Uno y otro parecer
hacen fuerza, como vemos,
pero de estos dos extremos
el mejor se ha de escoger.
  Morir una vez es ley;
y es cosa puesta en razón
morir por su religión,
por su Patria, Dios y Rey.
  Hazaña de más valor
será, y de menos deshonra,
morir, muriendo con honra,
que no vivir sin honor.
  ¿Que sentimiento hay tan claro
como venir en rigor
a ser, de libre y señor,
cautivo y mísero esclavo?
 Suelen servir muchos buenos
solo para más valer,
pero aquí, a mi parecer,
será para valer menos.

  Padres, en resolución,
yo no me pienso rendir;
morir, bien puedo morir,
mas vivirá mi opinión.



                                           Sale el Hermano.

Hermano    Eso mismo digo yo;
                y quien me lo contradiga
                es un lebronazo!

Abad          Hermano, diga:
                ¿por qué el precepto rompió?
                ¿no mandé se retirara
                y que a su celda se fuera?

Hermano    Sí mandó que me saliera,
                mas no mandó que no entrara.

Abad          Pues ahora se lo mando
                que de ningún modo vuelva.

Hermano    Todo el mundo se resuelva
                que voy…. !pero voy rabiando!

Abad          Siempre tengo por mejor,
                Señor mio, que se entreguen,
                siquiera, porque no lleguen
                a probar tanto rigor.
                  Excusen inconvenientes
                que cuerpos y almas alteran,
                y excusarán que no mueran,
                sin culpas, los inocentes.
                            
                            Sale, en lo alto del coro, el Hermano.

Hermano    !Cómo excusan! No se dén,
                que será hazaña muy fea.

F. Rod.       ¿Dónde el Hermano bocea?



Hermano    Acá arriba ¿no me ven?       
Aquí estoy y aquí he de estar;
                y de aquí pienso argüir,
                decir y contradecir
                a quien se quisiera dar.

Abad          Es por demás:
                hermano Clemente, baje luego.

Hermano    ¿Para qué?

Abad          Baje, que quiero que esté
                como los demás, presente,
                si es que ha de estar con decoro.

Hermano    Si ha de ser para callar
                Padre, no quiero bajar,
                que bien estoy en el coro.

Abad          Quiero que baje y que diga su parecer.

Hermano    Soy contento; allá bajo como un viento.           Vasse.
Abad          Lo que más, Señor, me obliga
                a esforzar mi parecer,
                es ver que apenas hay dentro
                con qué salirle al encuentro
                si se quieren defender.
  Habiendo este inconveniente
¿quien tendrá valor bastante
para salir adelante?

                                             Sale el Hermano.

Hermano    ¿Quien, mi Padre? Fray Clemente.
                Yo lo digo, y yo lo haré
                mucho mejor que lo digo;
                y digo más, que me obligo,
                como lugar se me dé
que pueda hacer un bastón
y hacer con él cuatro empleos,          con muchos soldados menos,
a matar más moros yo                      a matar más agarenos
que filisteos mató Sansón.                 que filisteos Sansón.

Abad          Sosiegue, Hermano Clemente,
                y pues se le da atención
                diga con resolución
                sobre este caso que siente.

Hermano    Digo pues, Señor Gonzalo,
                que darse al moro condeno;
                y si hay quien diga que es bueno
                yo le probaré que es malo.
                  Pues calla el ayuntamiento              (aparte)
                sin duda tengo razón.
                  Esto es, en resolución,
                lo que digo y lo que siento.
Abad          ¿Tiene algo más que decir?
Hermano    No: pues no hay quien la contradiga
                solo mi opinión se siga,
                que es lo que pretendo yo.

Abad          Ya, pues ha dicho su intento,
                váyase a la portería.

Hermano    Ahora, con alegría,
                haré cualquier mandamiento.               Vasse.

Abad          Vuessa Merced, mi Señor,
                lo considere, pues es
                discreto en todo, y después
                elegirá lo mejor.
                  Lo que es hacer el Convento
                particular oración,
                lo hará, que es obligación.


D. Gonz.     Con esto, me voy contento.
          Vuessa Paternidad quede.              Levántanse y acompañan todos.

Abad                  Suplico a Vuessa Merced
          que me haga este favor.

D. Gonz.     Digo que pasar no puede de aquí.

Abad          Pues me quedaré;
                pero los Padres irán
                y mi obligación harán.

D. Gonz.     Favor que recibiré.

                                                            `  




Abad.         Mi Dios omnipotente
a quien sirven hermosos Serafines,
y a quien perpetuamente
Tronos, Dominaciones, Querubines,
están llamando santo,
oye, de un triste,
el destemplado canto.
  Si el hombre, que formaste
con tus manos del polvo de la tierra,
tanto al fin lo adornaste,
que es un mundo pequeño cuanto encierra,
y,  por mayor privanza,
lo formaste a tu misma semejanza.
  Si aquellos cielos bellos,
tachonados de fúlgidas estrellas,
que son ellas y ellos
hermosas obras de tus manos bellas,
para él los criaste
en señal de lo mucho que le amaste.
  Si cuando se acobarda
a los peligros que el demonio ofrece,
el ángel de su guarda
le lleva en palmas, porque no tropiece,
y hasta los animales,
todos le sirven y le son leales.
  Si las plantas hermosas,
a quien el tiempo da sabroso fruto,
con manos generosas
en las suyas le pagan el tributo,
y las parleras aves
dan al aire por él voces suaves.
  Si le obedece todo,
y todo es para él y, hasta vos mismo,
por milagroso modo,
os le dais en manjar, ¿ cómo el Abismo,
viéndole tan prestado,
a veces le derriba de su estado?
   Desengaño muy grande
para el hombre que piensa estar seguro,
porque gobierne o mande,
sin advertir que el más soberbio muro,
si en la virtud no estriba,
con un poco de viento le derriba.
  Jamás pensó Rodrigo
(soberano señor de cielo y tierra)
tener acá el castigo,
como si Vos, al Rey, (si veis que yerra
y queréis castigarlo),
no le castigareis por un vasallo.
  Si tanto os ha agraviado
con sus culpas, Señor, el Rey Rodrigo,
que al fin os ha obligado
a darle por un hombre tal castigo,
muévaos, y no os asombre
ser hombre, y ser por él también Vos Hombre.
  Esta imagen gloriosa,
divina estampa soberana y grave
de aquella venturosa
que trocó por el hombre el EVA en AVE,
ya que se pierda todo,
no se pierda Señor, de ningún modo.
  Si cuando os encarnasteis
os dio el ser hombre en el virgíneo pecho,
y Vos siempre la amasteis,
estando su retrato en tanto estrecho,
será de amante ingrato
amar su original y no el retrato.                                                



                     Suena música, descúbrese el cielo, y con mucho espacio,
                baja un Angel, tocando un instrumento, cantando lo
                siguiente…

Angel
(canta)       Hermosísima María,
de los Paraninfos Reina,
de los mártires corona
y madre de los Profetas.
 
  Alba más clara que el Sol
y más que sus rayos bella,
pues de sus plantas divinas
la toman Luna y Estrellas.

  Fuente cuyas aguas claras
lavaron las manchas viejas
que dejó puestas al mundo
la primera causa de ellas.

 Cerrado huerto apacible,
en cuya virgínea tierra
nació aquella verde Oliva
que jamás estará seca.                   Llega al tablado.

(representa)
                  El inmenso, el Poderoso,
el Increado, el Eterno,
el que todo lo creado
rige con solo tres dedos.

  El sin principio ni fin,
que es decir Dios en efecto,
Santísimo Sacerdote,
me envía a tí desde el Cielo.


  Quiere que esa Imagen Santa,
por ser retrato perfecto
de la que a sus pies se postran
los Paraninfos más bellos;

  De la que con solo un “fiat”,
desde el Alcázar supremo
bajó a Dios, y le hizo hombre
dentro de su casto pecho.

  De la siempre Virgen Madre
María, y Reina del Cielo,
que tu, con tus manos mismas
la entierres dentro este templo.

  Ya Dios te queda, y confía
tener de esta hazaña el premio,
no en el suelo, que a los suyos
no premia Dios en el suelo.

  El Inmenso, el Poderoso,
el que todo lo gobierna
con el poderoso aliento
de su libre Omnipotencia;
el que al voz de un FIAT
sacó esa máquina bella
de la confusión del Caos
a la luz que la hermosea.
  El que tachonó los cielos,
el que matizó la tierra;
si esta con rosas y flores,
aquel con signos y estrellas.
  El Principio sin principio,
y, en fin, Dios, que aquí se encierra
lo que no puedo decir
de su infinita Grandeza.
  A ti, Embajador me envía
desde su Sagrada Esfera,
a decirte que esta Imagen,
que los Angeles veneran
por Reina de tierra y Cielo,
que con tus manos mesmas
la entierres en este templo,
hasta que ya satisfecha
la justa ira de Dios,
a su antiguo culto vuelva.
          Canta:
  A Dios te queda, y el premio
le esperarás de su Diestra,
no en el suelo, que a los suyos
nunca Dios en el suelo los premia.
           Recitado:
  Y así, pues ha dejado
esta Imagen Divina a tu cuidado
oculta en la tierra,
que está Dios enojado en esta guerra,
antes que llegue el moro
y le pierda el respeto y el decoro.
           Canta:
  Imagen Divina,
tu luz peregrina
aquí ha de quedar
hasta que el Cielo
a España el consuelo
le quiera enviar…              
                     Vuela con la Axia..(?).



  Sube y
canta…..    Iris Divino que al mundo
le sirvió de señal cierta
que ya entre Dios y los hombres
las paces estaban hechas.

  Espejo resplandeciente
en cuya Luna perfecta
las Tres Divinas Personas
se miran y se recrean.

  Ave dichosa que al hombre
le trajo tanta riqueza,
que le dejó en libertad
y pagó todas sus deudas.

  María, llena de Gracia,
por quien los hombres esperan
después de aqueste Destierro,
llegar a su patria eterna.                  Desaparece.






Abad           
(admirado)   Que al divino Joseph tan   ……ntado,
                  cuyo nombre santísimo yo estimo,
                 a su madre le encargue el Dios Divino,
                no fue no mucho,  que fue su Desposado.
                  Que al Aguila Caudal, Juan Regalado,
                se lo mande le encargue sea su arrimo,
                no fue mucho tampoco, era su primo,
                y también de los dos el más amado.
                  Pero a mí, Eterno Dios, de donde vino
                tener tanta ventura: gran milagro
                es que , siendo quien sois, tan bien me cuadre;
                mas si soy sacerdote, y aunque indigno
                a Vos me encomendáis cuando consagre
                que mucho es que me entreguéis a vuestra Madre.
                  Al punto voy a ejecutar, mi Dios amado,
                el precepto justo que me habéis mandado.                     Vasse.