sábado, 8 de noviembre de 2025

ACTO SEGUNDO. JORNADA SEGUNDA

  ACTO SEGUNDO             
JORNADA SEGUNDA


Sale Pedro Lopez  de cautivo, con una cadena al pié, como en prisión, y debe estar atada la cadena.

Pedro       Prisión dichosa, amada,
justamente sin culpa padecida,
estáis bien empleada;
que en el largo discurso de mi vida,
con no ser dulce y buena,
es leve el peso de esta gran cadena.
En este calabozo,
desde la noche al alba, lloro y canto,
unas veces con gozo,
otras con triste y afligido llanto,
hasta que Dios permita
me quite la piedad pena infinita.

Sale Zulema con un zurrón o alforjas y en ellas una perdiz compuesta, una bota con vino, unos pimientos, una costilla y unos manteles.

Zulema    Este veliaco estará                          aparte
en parte tan oculta y escondida
que es imposible el dar
en aquesta mazmorra en todo el vida,
y así me percibo
a estar cautivo y a tener cautivo.
Este engaño ha de ser:
que si mal me trata Don Rodrigo,
mí vengara tener
en este cristianilio como digo;
y en recibir un palo,
dos mil palos le dar por mi regalo.
Él estar ignorante
que nosotros haber perdido e la tierra;
y el mísero pecante
no saber los socesos de la guerra,
y mientras no los sabe
reciba el bellaco golpes de cabe.
¡Hola! ¿Qué hacer Perro López?
¿no picar esparto?
Pedro       Esa es mi pena:
                mas en este destierro
                mucho me alegrará, señor Zulema,
                saber en el estado
que está la guerra, que me dá cuidado.
Zulema    Si quieres saber eso,
                ya no quedar cristiano en todo el mundo,
                la verdad te confieso;
                tu solo estar en él, y lo segundo
                advertir, so cristiano,
                que si os querer degollar estar en mi mano.
Oh! Como le engañar,                                     aparte
que en esta casa vivir Don Rodrigo;
donde yo, a mi pesar
que estar cristiano, con mentiro digo;
y de este atrevimiento
a Mahoma pedir repentimiento.
Mas yo traer un perdiz
que hoy le comprar, porque querro
comermele aquí escondido
hasta dejarle en los huesos.
Una bota de bon vino,
panecillo e su pemento
que dentro el cestilio viene;
y con esto borlar querro
a Perro López, mi esclavo,
porque le dé mas sentimiento.
Perro López, yo querrer
convidarte (estáme atento)
a un perdiz que aquí traer;
y así pregontarte querro
si tener bona la gana.

Pedro       Señor, tan buena la tengo

que a seguro que ha tres días
que aqueste mísero cuerpo
no sabe que cosa es pan,
ni tampoco otro alimento.
A Elías vengo a imitar,
que estoy esperando el cuervo
que mis desdichas socorra.

Zulema    Esos te piquen, manchego;
                mira, pues aquesta vez
has de quedar satisfecho;
porque querrer ser amigo
y así regalarte querro.
Pedro       Zulema, Dios te lo pague,
                porque es de piadosos pechos
socorrer al afligido.
Zulema    Pues poner el mesa querro;              pone la mesa donde no pueda
                este es el manteles, y este                llegar Pedro.
                el panecillo, el pimento
                es este, este es el bota
                y este el perdiz; comer querro;
                animarte, Perro López.
Pedro       Si no puedo llegar,
                porque me lo impide
                la cadena, es desacierto
                dar tal chasco a un simple esclavo,
                y aún es burlarse del tiempo.
Zulema    Pues si no poder llegar,
                alarga un poco el piscuezo.
Pedro       ¿Es posible que este moro
                de mí se burle? Yo quiero ver
                si le puedo ablandar
                con lágrimas y con ruegos.
                Zulema, ¡por caridad,
dame un bocado, que muero
de hambre!
Zulema    Si te lo dar,
¡pero será en el piscuezo!                Muérdele.
Pedro       ¡Virgen, que un perro me muerde!
Zulema    Pues tornarme al mesa querro
                y darle a la hermana bota
                por mi gustillo dos besos.               Bebe.
                ¿No beberás, Perro López?
Pedro       Ya me dices que no, perro,
                beberé, si no son penas.
Zulema    Pues adverte, amigo Perro,
                que si no hacer el razón
                segunda vez me la apeto.                        Bebe.
                Perro López, veve Cresto,
                que de ti me compadezco:
                pápate aqueste pechugo.                Cómelo él.
Pedro       ¡Hágate tan buen provecho
                como el bocado de Adan!
Zulema    Mirra, la bota me peto,
                que Ha mucho que no beber.          Bebe.

Pedro       ¡Mas que se emborracha el perro

                según da priesa a la bota!
Zulema    Ah! Que divino licor!
y como me saber bono
el vinilio! Veve Cresto,
que si me saber tan bono
el morir, que me moriera
tres veces mil. Ay! mas  ¿que es esto?
yo me querer retirar,
que parecer que me siento
de cabeza algo cargado.
Mas...! que es esto, amigo Perro!
¿qué es esto que te reluce?
¿son los ojos?                 dale con los dedos en los ojos.
Pedro       ¡Santo Cielo,
                que los ojos me ha sacado!
Zulema    Seniores, entrarme querro
a dormir, que ver más luces
que tener un monimento,
y parecer que me un día
y no poderme estar quedo,
pues no sentir que hace aire;
seniores, ¡yo no estar bueno!
¿Quién me levanta los pies?
¿Por qué andar como un lodeno?
Este vinilio traidor
me ha traído a tal extremo
que me hacer andar rodando
                y a cuatro pies, como perro.                   
Vase borracho.

Pedro       ¿Hay desdichas semejantes?

                ¡Que se perdiese aquel Campo
                de Don Artal y que el moro
venciese! ¡Rigor extraño!
Según esto, yo estaré
(¿Quién lo duda?) algunos años
bajo el poder de este perro
que me tiene aprisionado.
Paciencia es justo tener
y si el cautiverio es largo
apelemos de estas penas,
Virgen, a vuestro rosario.

Cantemos ahora un poco
mientras machaco el esparto,
Pues quiera Dios que padezca
como Joseph empozado.

Éntrase, comienza a picar esparto dentro, y a un tiempo
canta lo siguiente:

Canta      Cándido bellón del Cielo,
                más que no la nieve intacto,
                sobre quien cayó el rocío
                del Alcázar Soberano!

                Sale Don Rodrigo, escuchando.

                Vara de Aarón celebrada;
                zarza que se está abrasando,
                sin consumirse, de amor;
trono de Dios regalado;
templo de la Trinidad;
cedro altivo levantado;
olivo, palma y ciprés,
fuente, pozo, espejo claro.               Deja de picar.

D Rodrigo ¡Válgame Dios! si el que canta

                será Zulema, mi esclavo,
                que quiere mostrar con gusto
                cómo se ha vuelto cristiano!

Pero no: que estas ternezas

y estos epítetos, claro
está que son de pecho
más compasivo y más santo.
Quiero averiguar de hecho
esta verdad, escuchando
la dulzura de estos versos,
y lastimoso del caso.

¡Válgame Dios, el silencio
me ha quitado este regalo!
Pues no vuelven a cantar
ni acierto donde cantaron,
voyme, y volveré después
y, con singular cuidado,
procuraré de saber
qué canto es este, o qué encanto.           Vase.
Sale Pedro López.

Pedro       Aunque son innumerables,
                Virgen, las penas que paso,
                siendo por Vos, me parecen
                más que no penas, regalos.
                Solo me lastima el alma
                el pensar que se quedaron
                mis prendas en Paracuellos,
                pobres y con poco amparo.
¿Qué hará ahora María,
mi esposa, que el desengaño
de no verme, me asegura
ausencia de tantos años?
¡Ay, Juanillo de mi vida!
Quien pudiera, en estos brazos,
como Atlante, sustentar
dos vidas que tengo a cargo!
Bien sé, que la devoción
de la Virgen por el cabo
la llevarás adelante,
como te dejé encargado.
¿Qué es esto, sueño enfadoso?
¿Cómo ahora, tan pesado
me acometes, y me obligas
ser de la muerte retrato?
Venciome el sueño invencible;
Virgen Santa, en vuestras manos
pongo esta cansada vida,
que en Vos hallará descanso.                 Duérmese.




                Aparece Juan López en tramoya, y lleva
                una cruz en la mano.

Juan        Padre, Padre, escucha, atiende,
                y despierta del letargo
                si quieres ver una cruz
                que tu Juanillo ha labrado.
                Tómala, padre y señor,
que la Virgen me ha mandado
que la veas y reconozcas
y sepas con el cuidado
que vivo.

Pedro       Hijo querido,                           en sueños.
                hijo, espera, aguarda, cuanto
                cuanto, la tome y te abrace.
Juan        El Cielo
                ese favor te ha negado.
                Adiós, padre.                           Deja la cruz y desaparece.
Pedro       Ay!, hijo amado!
                vuelve, vuelve, que regalo!

Que dulzura es esta, Cielos!           Despiertase.

Ah! sueño inconstante y vacío!

Que poco los bienes duran,
y menos si son soñados!
Válgame Dios, cuán de veces
en aqueste breve rato
me ha parecido que estaba
con mi Juanillo hablando!
Oh! vana imaginación!
No hubiera el sueño durado
una eternidad! No hubieran
durado más los engaños!
Mas... ¿qué miro? Esta es la cruz    Toma la cruz

donde mi Dios enclavado

redimió piadosamente
a todo el género humano.
Venid, Cruz Santa, venid,
que habéis de ser mi regalo
y anticipo de una vida
que a vuestra deuda consagro.
Soberano Madero, en quien el Verbo              de rodillas
cargó sobre sus hombros el pecado,
para dejar del mundo rescatadas
todas las culpas del pecado acerbo;
Madero, que venciendo la protervo
de la culpa de Adán, dejó pagados
los daños a que estaban obligados
todos sus hijos juntos, mas preservo,
(pues Dios la preservó por su tesoro)
a su Madre, triunfando del Abismo,
quedando vencedora e invencible.
Sacad, oh! Cruz bendita, de mi mismo,
pues os venero yo, y con fe os adoro,
que al mismo Dios en Vos vimos posible,
me lleve a aquella Gloria inascesible.

    Salen por una Puerta Don Rodrigo y por otra Zulema.
D Rodrigo Escondido en esta parte
                esta vez tengo de ver
                las finezas de Zulema.
Zulema    Viva Cristu, que esta vez                        aparte
                ma de pagar el enojo
                el cautivilio; ¿por qué                             a él
cantar y dar ocasión
de alborotar el cuartel?
Aquí pagarás, biliaco,
una vez, y dos, y tres,
el garaza.                                        dale
D Rodrigo Oh! perro infame,
                ¿qué es esto? ¿en mi casa hay quien
                sin mi licencia castigue?
Zulema    Yo haber caído en la red.                        aparte

D Rodrigo ¿Quién eres, hombre, quién eres?

Pedro       Yo soy Pedro López; yo
                el que a Don Artal llegué
                a que me sentase plaza
de soldado, y para ver
mi valor, me hizo espía
perdida y, al reconocer
las murallas, me prendieron.
D Rodrigo Yo mismo el caso miré;
                pero ¿cómo estáis cautivo,
                si la tierra por el Rey
                ha quedado, y estos perros
                viven ahora a merced?
Pedro       Señor, este moro infame
                me dio a entender al revés
                los sucesos de la guerra.
D Rodrigo Oh, perro! aquí será bien
                que los arpones se truequen;
                y esa cadena que al pie
                tenéis Pedro López, vos
                al cuello se la pondréis
                porque quiero que la  lleve
                hasta que me diese gusto.
Zulema    Senior...
D Rodrigo No me repliquéis,
                porque en aquesta mazmorra
habéis de estar.

Zulema    Ah! fortunilia cruel!

D Rodrigo Esa cadena
                al punto al cuello le poned;
                y en virtud de buen soldado
                sea justo que se os dé
                el premio de lo que hicisteis.
Pedro       Dios os pague la merced.
D Rodrigo Vamos, donde el General sepa
                cómo fuisteis fiel
                y verdadero español.
Pedro       La gloria, al cielo se dá.                          Vanse los dos.
Zulema    Ah! fortunilia cruel!
y como me parar bono,
pues me tener aquí atado
como si ser yo algún perro;
pero lo que sentir más
es ver que aqueste manchego
quedar libre y yo cautivo,
y con aqueste cadeno
que me pesa treinta arrobas,
que me hacer hundir el cuerpo,
y si aquesto durar mucho
pienso que mis pobres huesos
han de quedar bien molidos
y yo he de perder el seso.
Mahoma Santo! ¿que hacer
en aqueste flijimento
sino llorar, mientras Vos
no me dar algún consuelo?

Salen Zelauro y Abenzoar, moros.

Zelauro    ¿Qué es esto, Zulema amigo?

Zulema    Ah, senior, que poder ser,
                sino cautivo, padecer
                ofensas de Don Rodrigo?
                Aquí me hallar, castigando
                a Perro López y, en pena
                del castigo, esta cadena
                me manda llevar rastrando.
Abenzoar Ay, hijo mio! y como se cumplen
                tantas, cuantas profecías
                te he dicho; y en estos días
                con nuestras vidas se suplen.
                ¿Hay desdicha como ver
                nuestros vasallos queridos
                de todo punto oprimidos
                y no poderlos valer?
                Y aún esto, hijo, es lo menos,
                pues muy breve se verá
que Don Jaime mandará
su tierra desocupemos.

Zelauro    Padre y señor, vive el cielo

                que cuando el Rey lo mandase
                y a salir nos obligase,
                que es el mayor desconsuelo;
                tan solo por no pasar
                por estos inconvenientes,
                me fuera donde las gentes
                no me pudieran hallar.

Lo que importa por ahora

es llevar este presente
al Rey Don Jaime y, prudente,
rogar por la estirpe mora;
que cuando se determine
que salgamos desterrados,
hemos de lograr cuidados,
aunque al revés lo imagine.

Abenzoar Mi Hijo amado, ese fin

                tan solo a Azmirra me lleva;
                quiera Alá que en esta leva
                yo pronostique del fin.
Zelauro    Dí, Zulema, a Don Rodrigo,
                que le vine a visitar,
                y ten paciencia.
Zulema    Apelar
                Senior para mi enemigo.                         Vase.

                Sale Don Rodrigo.
D Rodrigo Zelauro, amigo ¿en mi casa,
                que se ofrece?
Zelauro    Don Rodrigo,
                como os tengo por amigo
                y sabéis bien lo que pasar,
                vengo a tomar un consejo
                de Vos en esta ocasión.
D Rodrigo Quisiera ser un Catón
                y en la prudencia el más viejo.
                Decid lo que pretendéis,
                que yo no os puedo faltar.
Zelauro    He sentido murmurar
                y es cierto, que lo sabéis
                amigo, que el Rey pretende
                nuestro destierro.
D Rodrigo Es verdad,
Zelauro, Su Majestad,
es lo cierto, que se ofende
mucho de ver que Al-Azarque
había intentado alterar
la tierra, y por no llegar
a más, quiere que se embarque
la morisma valenciana.

Abenzoar Ay! Zelauro, que temido

                tuve este trance!
Zelauro    Si ha sido
la condición humana,
no importa Padre Señor
Don Rodrigo, estadme atento,
que en lo que voy a decir
me habéis de dar un consejo.
Tenemos por cosa cierta
que el Rey Don Jaime ha resuelto
que lo que pecó Al-Azarque,
todos juntos lo paguemos.
Y viendo que será justo
haya excepción en aquellos
que hayan sido fieles vasallos,
hoy, mi Padre, está resuelto
de echarse a los pies del Rey
y advertirle que estos pueblos
(supuesto no han delinquido),
que se proceda con ellos
con más piedad, si es posible;
Y que en agradecimiento
de esta merced, se le sirva
con un presente que tengo
prevenido, y si gustáis
de saber lo que pretendo
enviar, os lo diré.
D Rodrigo Mucho holgaré de saberlo.
Zelauro    Treinta caballos briosos,
a pares de un mismo pelo,             alados, hijos del viento,
le envío a Su Majestad;                 con tan vistosos jaeces,
y con tales aderezos                    y con tales ...
que si envidia en el Sol cave,
le tuviera el Sol, es cierto,                                  el Sol de ellos,
que sus gireles son rayos               porque había en sus realces
que bordan de luz el cielo.          de obscurecer sus reflejos.

Doce paños de brocado

tan admirables, que en ellos          con tal variedad compuestos
se cifran varias historias                de Países y de Historias
de la antigüedad ejemplo.           que en ellos, como en espejo,
                                             se miran presente y, viva,
                                           la antigüedad de los tiempos.
Seis leones africanos
que, para el debido efecto,            que para este Real                 cortijo ...   
hice traer, tan altivos,
tan valientes y soberbios,
que en lo grave, representan
les ha concedido el tiempo
Imperio en su majestad,
y Majestad en su Imperio.
Diez Ninphas de plata tersa,
de mano de un arquitecto
que fue afrenta de Lisipo
y admiración de estos tiempos.
Una carroza bizarra
que seis caballos overos             con clavos de plata, y llenos              
la tiran, a emulación                   de ébano y de marfil,
de la de Faetón  soberbio.             que la tiran seis overos
                                                           lucidos, bellos caballos
                                                           émulos de los febéos.

Una docena de halcones

tan veloces y altaneros
que de la región del aire
pasaron a la del fuego.
De lo bruto, cien novillos;
estos para el bastimento
de lo común de la casa,
que para el Rey le traemos
de lo volátil gran suma;
y en oro, plata y dinero
cuatrocientos mil ducados;
y esto todo lo ofrecemos,
solo a fin que en nuestras casas
nos deje el duro precepto.
El llegar en ocasión
siempre fue acertado, y temo
de errar; y en esto os pido,
amigo, me deis consejo.
D Rodrigo Dádivas quebrantan peñas;
                y mañana, con su yerno,
                en Azmirra come el Rey;
                y así tengo por acierto,
Zelauro, lo que intentáis,
y, en cuanto pudiere, es cierto,
os serviré hasta la muerte.
Zelauro    Haréis como Caballero.
                Vamos, Padre. Adiós, Rodrigo.
D Rodrigo Adiós, Zelauro, que el tiempo
                dirá lo que se ha de hacer,
                que él es el mejor maestro.                     Vanse los Moros.
                                                         Sale Zulema con la cadena arrastrando.

Zulema    Senior, mandad Vuesanced

                quitarme aqueste cadeno,
                que estar crestiano, y crestiano
                ser de la piedad ejemplo.
D Rodrigo Zulema, yo te perdono;
                mas con este advertimiento:
                que cada día tres veces
                has de renegar del perro
                de Mahoma.
Zulema    Así, así hacerlo.
D Rodrigo Pues sígueme hasta la cuadra.                       Vase.

Zulem     Ay, Mahoma! ¿que es aquesto?    

                ¡Malos años para mí
                si de Vuesanced reniego!                       
Vase.
                                                                Salen Hergasto y Toríbio, pastores.

Toríbio     ¿Es posible que aún estés incrédulo

habiendo visto cosas tan únicas
que merecen estar en blancos mármoles
escritas para siempre?

Hergasto  Toríbio, soy un bárbaro,
                que quieres que te diga; estoy tan tísico
                que con verle, acumulo cosas lícitas,
                y ninguno me responde a mí propósito.
Toríbio     Recélome que tienes malos hígados
                y, por el mesmo caso, peor ánima.

Mas que tal fuese, Hergasto, que algún mágico

te hubiese dado alguna pócima
para quererle mal, como aquel mísero
que para querer bien y dar escándalo,
le dieron unos polvos odoríferos
que vino, de amar tanto, a estar frenético.
Si es que tú presumes algo, dímelo,
iremos a buscar un hombre práctico,
que gracias al Señor hay de gran número,
y aunque todos pretenden ser muy hábiles,
un clérigo conozco que es tan único,
que en un Amén Jesús saca un espíritu
aunque esté con más raíces que un chopo.

Hergasto  No hay para qué buscarlo, segurísimo

estoy, gracias a Dios, de estar diabólico.
Si yo le quiero mal es por ser mísero
y ser, en estos valles, un hipócrita,
grande amigo de hacer cosas fantásticas;
que eso que dicen que en los vientos frágiles
fue a ver a su padre, para mí son fábulas.
Y cuando conste por verdad auténtica,
no será mucho, que mujeres débiles
suelen también volar por arte mágica;
y viendo que se emplean estos ángulos,
jamás he de creer cosa a propósito.
Toríbio     También serás tenido por flemático.

                Salen Montano, labrador,  y Juan López
Montano  Ya estoy satisfecho, Juan,
                de vuestro buen proceder;
                y, aunque mozo, habéis de ser
                de mi hacienda rabadán.
                Hergasto y Toríbio quiero
                que te obedezcan en todo.
Hergasto  Pardiobre! Mal me acomodo                   aparte.
                a servir lo que mal quiero.
Montano  Anda, que eres mal sufrido!
                Sírveme aqueste verano,
                que entretanto, yo
                otro pastor buscaré.
Hergasto  Ese tiempo yo estaré
                penando, pero más no.
Montano  Mira, que Juan es capaz
                de todo merecimiento;
                que es de mi hacienda el aumento
                y admiración de la paz.
                Más quiero que él me destruya,
                que no que me ganen otros.
Hergasto  Las yeguas parirán potros,
                muesamo, donde él ayuda.
Y porque se desengañe,
vuelva para acá otro dia,
que le prometo, a fe mía,
la venida no le dañe,
que le contaré cosillas
que se tiene de admirar,
y entonces será el notar
de su Juan las maravillas.
                                                     (aparte con Hergasto)
Montano  Según esto, Hergasto amigo, 
                mucho me importa saber
                lo que pasa.
Hergasto  Pues yo he de ser
                de sus finezas testigo.
                Vuelva como tengo dicho,
                que ahora no es ocasión
                de contar la confusión
                que nace de su capricho.
Montano  Pues adiós, y ojo al ganado.
                Juan y Toríbio, quedad
                en paz, y tened amistad
                con Hergasto, que es hombre honrado.          Vase.

Juan        Dios, Señor, le dé salud

                y le vuelva a la presencia

                de su esposa y, con prudencia
                goce descanso y salud.                                   Vanse.

i



                Salen Don Artal y Don Rodrigo.

D Rodrigo El concierto de los reyes,
                Señor Don Artal, ha sido
                en esta forma, escuchadme,
                que en breve está referido.

Llegó Alfonso de Castilla

tan severo y tan altivo
a Azmirra, que allí mostraba
sus castellanos designios.
Visitóle el Rey Don Jaime,
y los dos reyes invictos
enmudecieron al verse;
pues los dos, enternecidos,
sin poder hablar palabra
por entonces, al retiro
remitieron de sus guerras
los enfadosos principios.
Comieron los dos monarcas,
y después de haber comido
se repartieron las tierras
que pretendo referiros.
La Antigua y Noble Valencia,
con lugares y castillos
que parten Reino con Murcia,
a nuestro Rey le previno.
Al Rey Don Alfonso dieron
Almansa con su distrito
y otros diversos lugares
que es el contarlos prolijo.
En esto el Rey Don Alfonso
pidió, por lo comedido,
que a Xátiva le entregasen
y tenencia del castillo.
Extrañó la novedad
el Rey Don Jaime, y le dijo: Yerno,
como es razón, os estimo;
mas quien en Xátiva ponga
los pies como dueño, os digo
que ha de pisar mi corona;
y baste sobre lo dicho.
Un rato estuvo suspenso
lo majestuoso y rico
de los dos Reyes insignes,
hasta que, admirado, dijo
Don Alfonso: No haya más;
baste, Señor, que yo admito
y apruebo lo concertado,
y vuestro favor estimo.

Con esto, para Castilla

se partió Alfonso, y el mismo
suegro salió a acompañarle
hasta que dejó el distrito
valenciano; y allí todos
en los Reyes conocimos
un particular agrado
y un singular regocijo.
Esto pasó en mi presencia,
Don Artal, y como amigo
os he dicho cuanto pasa,
y la verdad os he dicho.

D Artal     Por Dios que estoy satisfecho

                de que las paces han sido
                a gusto de todo el mundo
                y a contemplación del mismo
                Don Jaime, pues ven curiosos
                pretensiones que al Olimpo
                llegaron, hoy tan humildes
                que se vayan al Abismo.
                ¿Y cuando se parte el Rey
                para Valencia?
D Rodrigo Imagino
no pasarán cuatro días;
que el cuidado es peregrino
que le da el moro Al-Azarque.
Mas con todo, compasivo,
mañana tiene consulta;
don piadoso y benigno,
mostrará, con su piedad,
la justicia y el cuchillo,
que lo soberbio aborrece
y ama lo que no es altivo.              
        Sale Zulema.
Zulema    Ya estar, Señor, el comida,
                y lo demás prevenido:
                la mesa puesta a la usanza
                y el vino, a la nieve frío.
D Rodrigo Pues entremos, Don Artal,
                que es tarde.
D Artal     Por Dios, amigo,
                que no lo escuso, por daros
                gusto en todo.
D Rodrigo Así lo estimo.                          Vanse.

                Salen el Rey, que se sentará en una silla con un bufete
                delante con recado de escribir, y Don Ximen, que llevará
                seis memoriales; y después salen Zelauro, Abenzoar y,
                si hay, otros moros. Y habiéndose sentado el Rey, dirá:

                Don Ximén, que es justo empleo
                dar lugar a la Justicia,
                cuyas voces en el cielo se escuchan.

 Ximen     Este, Señor,                                            un memorial
                es un pobre marinero
                que llevando de Valencia
                para Mallorca unos pliegos
                de Vuestra Majestad...
Rey          Ya sé lo que pasa;
                y que no fueron bastantes
                para quitarle (con cautivarle)
                del pecho mis despachos, y en razón
                de este valor, mando y quiero
                que este rescate se libre,
                que después ya lo veremos.
Ximen      Este memorial segundo                          otro
                es de una mujer que preso
                tiene al delincuente, y dice
                que es su marido.
Rey          Ya entiendo.
                Y, ¿por qué, decid, no se casa?
Ximen      Porque dice y niega el reo
                que no es verdad, ni hay testigo,
                que le obligue al casamiento.
Rey          Traedme aquí al delincuente.  van los criados a                 
                                                                       traerlo
                Sacan los criados al delincuente preso.

                ¿En qué parte, Don Ximen,
                sucedió este desconcierto
                contra Dios y contra mí?
Ximen      Rey sabio, Rey justiciero,
                fue en el campo, y solo había,
                que pudiera estar atento
                al deshonor y a la infamia,
                un verde y copado almendro.

Rey          Pues vaya al punto un notario;
                que yo en la causa presento
                por testigo al árbol mudo;
                y estoy, Don Ximen, tan cierto
                que ha de decir la verdad,
                que ya me parece, veo
                tantas lenguas como hojas
                que substancien el proceso.
Ximen      Haráse luego al momento.
Rey          Pues venga, que él ha de ser
                                             el testigo de sus yerros,
.                                 
van los criados.
Ximen      La diligencia se ha hecho.
Rey          Está muy bien.
Ximen                Dos Caballeros,      otro memorial
                Señor, el Consejo nombra,
                para que el más benemérito
                Vuestra Majestad elija,
                por la muerte del Sargento,
                para Sargento Mayor.
Rey          Mucho me dolió Don Diego.
                ¿Quiénes son los pretendientes?
Ximen      El uno, Señor, Don Pedro
                Moncada, valiente y noble.
Rey          ¿Y el otro?
Ximen      Es pobre y discreto;
                llámase Don Juan Bisaba,
                cuyas partes no refiero,
                que es objeto de los pobres
                la gala y el lucimiento.
Rey          Don Ximen ¿a quien, decidme,
                os parece que le demos
                el cargo?
Ximen      Señor...
Rey          Decidlo.
Ximen      Con lo poquito que entiendo
                diera la plaza a Don Juan.
Rey          Buena elección habéis hecho:
                que yo también se la diera,
                y se la doy, desde luego,
                que es evidente y claro
                que a Don Juan lo doctó el Cielo;
                que yo bien puedo hacer Nobles,
                pero solo Dios discretos.
Ximen      Por este memorial pide                   otro
                Pedro López, un manchego,
                Vuestra Majestad le ayude
                por estar pobre y enfermo
                y pasar necesidad.
Rey          ¿Tiene servicios?
Ximen      Y buenos.       
                En el cerco de Caudete
                fue a reconocer el lienzo
                de la muralla y en ella
                le cautivaron.
Rey          Es cierto
                que los soldados estimo
                como mi corona y cetro.
                Que le den quinientos ducados
                para el convalecimiento
                de su enfermedad, que es justo
                se premien atrevimientos.
Ximen      Mallorca pide Virrey                                otro
                por este, Señor.
Rey          Y es razón le demos
                lo que pide, que las Islas
                mucho las estimo y quiero.
Ximen      Don Artal de Luna es quien...
Rey          No sigáis, que es pequeño
                cargo para quien ha sido
                tan grande en todos sus hechos.
                Vaya Don Pedro Moncada;
                que para Virrey es bueno
                un Noble valiente y rico,
                si sabe tomar consejo.
Ximen      Por este pide y suplica                            otro
                Abenzoar que sus pueblos,
                si es posible, se rediman
                de la Ley que se ha dispuesto;
                y con esta confianza,
                en fe de agradecimiento,
                dos millones ha juntado.
Rey          ¡Dos millones! ¿A qué efecto?
                El Rey que ha de ser buen Rey,
                no le ha de vencer dinero,
                ni presentes; ni es razón
                reinen reyes avarientos.
                Lo que una vez he mandado
                sirva de Ley y Precepto.
                Salgan, que eso quiero yo,
                y sus presentes no quiero.
Ximen      Señor...
Rey          ¡No me repliques!
Ximen      ¡Válgame Dios, que portento
                de severidad!
Aben.       Zelauro, hijo, esto es hecho.
Zelau.      ¡Airado se muestra el Rey!
Rey          Don Ximen ¿cómo no ha vuelto
                el hombre que fue a tomar
                deposición del almendro?
Delin-      Aún se tarda, Señor,
cuente.    porque está el almendro lejos
                y es bueno que haya llegado.
Rey          Oh, que bueno! según eso,    
                ¿que hay almendro confesáis?
                Ved pues si reo os ha hecho
el almendro, pues en él
mando que os ahorquen luego.
Delin.       ¡Oh, nunca hubiera yo hablado!
Rey          A la mujer que dio queja
                de este hombre, Don Ximen,
                la meted en un convento;
                y ved si hay más memoriales.
Ximen      Este es, Señor, el postrero:
                Caudete pide...
Rey          ¿Qué pide?
Ximen      Gobernador.
Rey          Yo le ofrezco;
                que le tengo prevenido
                desde que se ganó el cerco.
                Su Gobernador será
                Don Rodrigo,   que hay gobiernos
                que son venturosos siempre
                en dar en buenos sujetos.
Ximen      Ya, Señor, dará la una.
Rey          Ese es buen advertimiento:                    levántase.
                que es razón que sepa el hombre   
                como se le pasa el tiempo.                      Vanse.
Abenz.     Hijo, aquí ya no hay remedio.
Zelau.      Pues a partirnos, Señor,
                aunque con gran sentimiento.                Vanse.

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