JORNADA TERCERA
Salen Tarife, Lidoro y Aliatar, moros.
Dentro
Aferra ! Amaina!
Tarife Y no me toque ninguno
trompeta, pífano o caja
mientras otra orden no
ponga.
Y pues ya mis fuertes naves
(gracias a Alá y a Mahoma)
a pesar del mar de España,
sus puertos seguros goza.
sus embravecidas olas
que alzó, por verse oprimido
de mi Armada poderosa.
Ya que con rápido vuelo
van las aves presurosas
a dar al Cristiano nuevas
de su pena y de mi gloria.
Ya que en las cuevas del aire
va formando voces roncas,
que parece que con ellas
me pide misericordia.
Ya que los árboles verdes
del vestido se despojan
y de sus ramos vistosos
me arrojan sus verdes hojas.
Ya que los ríos se aprestan
para que por ellos corran,
vertidos por este alfanje,
arroyos de sangre roja.
Ya que al fin el Mar, Neptuno,
Fragatas, Naves, Galeotas,
Aves, Aire, Cuevas, Ríos,
Arboles, Montes y Rocas,
unos de verme se ríen
y otros de oírme lloran.
Quiero que también España,
ya que la mar procelosa
ha conocido mi esfuerzo,
que ella mis fuerzas conozca.
Quiero que al punto me rinda
las suyas, ya que son pocas,
pues cuando infinitas fueran
no salieran vencedoras.
Quiero al fin, valientes Moros,
que la nación española
en vuestros castigos vea
que me ha sido siempre odiosa.
Lidoro… Haz
gracias, Tarife, a Alá
de que tu armada se goza
después de tantos naufragios
y que en paz sus puertos toma;
y ruégale juntamente
que aquesta suerte dichosa
te conserve en la conquista
que tanto a todos importa.
Y teme a España, Señor,
que a más de ser belicosa,
suele morir a sus pies
quien a su enemigo apoca.
Hombres son, como nosotros,
y gente invencible es toda,
fuerzas tienen, armas juegan,
poco hablan, mucho obran.
No tiembla de tí la tierra
ni los ríos se reportan,
ni los árboles se humillan
conforme a tí se te antoja.
Advierte, Señor, y mira…
Tarife.
Cierra Villano, la boca,
que por Alá, que me admiro
que eres hombre y no te asombras.
¿Para qué, dime, cobarde,
entre mi gente animosa
te embarcaste, si temías
a quien no son de hombres sombras?
Y cuando muy hombres fueran..
¿no ves que su fuerza es poca
para oponerse a mis brazos
que indomables fuerzas doman?
¿No traigo, como tu sabes,
treinta mil hombres, que aposta
no se escogerán más fuertes
en cuanto el sol mira y dora?
¿No los ves todos armados?
¿No los ves que, aunque reposan
y que del agua han salido,
fuego por la vista arrojan?
¿Pues quién ha de haber, cobarde,
que a tanto valor se oponga,
si no es algún desdichado
que ya la vida le enoja?
Hoy verás, de esa canalla
que tanto estimas y abonas,
porque quedes satisfecho,
cuantas cabezas se cortan.
Hoy veras si me han temido
árboles, montes y rocas,
y si el valor de mi brazo
despedaza, allana y corta.
Hoy verás subir al cielo
ardientes llamas furiosas,
consumiendo trigo, plantas,
torres, muros, casas, chozas.
Y porque todo lo veas,
este alfanje no te corta
la cabeza de los hombros,
aunque fuera justa cosa.
Mas, porque te desengañes
que soy Tarife, y que sobra
mi nombre para vencer
sin valerme de mis obras:
!toquen al punto a marchar,
que quiero dar a deshora
asalto a las Algeciras
Aliatar..
!Alto, pues! !A marchar
toca!
Tocan a marcha y vanse.
Salen
el Abad, Fray Rodulfo y Fray Federico con azadas y espuertas, y se descubrirá
un altar bien adornado, y en él puesta a Nuestra Señora y a San
Blas;
y allí una caja de reliquias, una Ara, una lámina de plomo, una cruz, una
campana y dos medias tablas. Y estará prevenida la sepultura.
F. Rod. ¿No
nos dirá para qué
venimos de esta manera?
Abad
Sí, Padres, yo lo diré:
quiero hacer una frontera
contra una gente sin fe.
Quiero, a una fuerte ciudad
cuya defensa procuro,
contra una rigurosidad
hacer hoy un gran muro
para más seguridad.
Quiero, a una hermosa torre
cuyo soldado dichoso
me hizo la fe gloriosa,
hacer hoy un contrafoso
porque esté algo gloriosa.
Quiero, a una torre sagrada,
cuyo soldado dichoso
sirvo con plaza firmada,
hacer hoy un contrafoso
para que esté más guardada.
Quiero a un huerto, por ser uno
en quien jamás hubo falta
ni cupo yerro ninguno,
hacer la pared más alta
para que no entre ninguno.
Quiero, a un pozo celestial,
cuyo esclarecido centro
vence al más terso cristal,
porque no echen nada dentro
hacer más alto el brocal.
Quiero, a una frondosa oliva
cubrirla más las raíces,
pues su ser en esto estriba,
porque, en tiempos más felices,
si la buscan la hallen viva.
Quiero, a una fuente que encierra
secretos maravillosos,
antes que llegue una guerra,
de ciertos perros rabiosos
cubrirla toda de tierra.
Quiero, a un Sol hermoso y bello
(aunque mi ingenio es escaso)
pues que me toca el hacerlo,
hacerle otro nuevo Ocaso
por donde pueda esconderlo.
Quiero, pues que la fortuna
no me da mejor remedio
y el peligro me importuna,
poner tierra de por medio
para eclipsar una Luna.
Quiero, al fin, aquí esconder
esta Imagen, que sospecho
que será bien menester,
y hecho esto, haber ya hecho
todo lo que quiero hacer.
Ni se admiren ni me alaben,
lo que han de hacer es callar,
y pues mi intento ya saben
empiecen aquí a cavar;
y yo, en tanto que cavan,
iré por ella. Va hasta el Altar.
F. Fed.
Oh, gran cielo!
¿quién, sino un hombre tan santo
nos diera tanto consuelo?
F. Rod.
¿Que mucho és, haciendo tanto,
que
le premie tanto el Cielo Arremánganse
los hábitos para cavar y el Abad quitará los cirios a la Virgen.
F. Fed.
Vaya por ahí rompiendo,
y así como irá cavando
iré el capazo llenando;
y también, de cuando en cuando,
lo mismo podrá ir haciendo. Cavan.
F. Rod. Si
los Ángeles pudieran
envidiar
nuestra ventura,
sin
duda envidia tuvieran,
y a
cavar la sepultura
con
mucho gusto vinieran.
F. Fed.
!La ventura es sin igual!
F. Rod. A
lo menos en el suelo
no
hay otra más principal.
F. Fed.
¿Pues que será si en el Cielo
nos pagan
este jornal?
Abad Aunque con tanta alegría De
rodillas
me recibís, Virgen Santa,
no os traigo nuevas alegres,
sino tan tristes, que bastan
a enternecer a las piedras
y hacer llorar a las plantas,
y vestir de luto el Sol,
y a entristecer las Escuadras
de aquel ejército Angélico
a cuyas divinas plantas
se postran, reconociendo
ser Vos quien todas las manda.
No os traigo, Señora mía,
aquella alegre embajada
por quien fuiste Madre y Virgen
y os dejó llena de gracia.
Otras os traigo más tristes,
pero ¿quién tendrá palabras
para decirlas, si Vos
no me ayudáis a formarlas?
Quiere la lengua decirlas,
mas llegan a la garganta
tantos suspiros a una
que el paso a la voz atajan;
con todo, prueba a esforzarse,
que las nuevas, si son malas,
cuanto tardan de saberse
tanto más la pena tarda.
Pero si es fuerza saberlas,
¿de que sirve dilatarlas?
Que a veces la dilación
es de muchos daños causa.
Sabed, Señora, que vengo,
sin ser vuestro Angel de Guarda,
para que no tropecéis
a llevaros en mis palmas.
Pero si a los sacerdotes
“cristos” la Iglesia los llama,
bien puedo serviros de Angel
si es mi dignidad tan alta.
Venid, Princesa del Cielo;
venid, Soberana Infanta,
y haréis de la tierra Corte
y palacio sus entrañas.
Venid, pues ya de gozosa,
viendo que su dicha es tanta,
con los dos brazos abiertos
espera que honréis su casa. Tómale en brazos.
¿Es posible que la Madre
de tan supremo Monarca
a tanta pobreza llegue
que se entierre sin campanas?
¿Como, Paraninfos bellos,
esos cielos no se rasgan
y bajáis, pues sois sus pajes,
con luto a llevar las hachas?
¿Como, Apóstoles divinos,
como, Santos Patriarcas,
viendo enterrar vuestra Madre,
no la lleváis de las andas?
¿Como, Sol, si el ser que tienes
le debes, como no bajas
y arrastrando negro luto
su triste entierro acompañas?
¿Y tú, Luna como ahora
siendo su alfombra, le faltas
y consientes que en el suelo
ponga sus divinas plantas?
¿Como no tocáis a muerto,
piedras, paredes, ventanas,
desaciendoos en tristeza,
ya que las campanas callan?
¿Y como yo, habiendo sido
quién con mayores ventajas
he recibido más bienes,
no me anego en tiernas lágrimas?
Pero si el Sol, los Profetas,
los Paraninfos, los Lutos,
los Apóstoles, las hachas,
las ventanas, las paredes,
las piedras y las campanas
os faltan…¿que mucho es
que yo también haga falta?
¿Está ya la sepultura?
F:
Rod.
Si, Padre, ya está acabada.
Abad
Pues vamos, Señora mía;
vamos, Reina Soberana,
Emperatriz de los Cielos,
vamos, que la tierra aguarda.
F. Fed.
Señora, ¿que nos dejáis?
¿que os vais, Virgen? ¿que
esperanza
nos queda ya de consuelo
si el vuestro, Virgen, nos
falta?
Dadme por la despedida
mil abrazos.
F. Rod.
Virgen Santa…
¿posible
es que por los hombres,
habiendo
Vos sido causa
de
subir a tanta alteza,
vengáis
a bajeza tanta?
¿Como, Espíritus Angélicos,
no
echáis mano de la espada
y
defendéis nuestra Reina
de
esta barbara canalla?
¿Y como Vos, Madre Virgen,
permitís
que vuestra estampa
tenga
un entierro tan triste?
Ay, Virgen, ¿que lengua basta
a
deciros lo que siento?
¿Quién sin Vos, Excelsa Palma,
podrá
tener alegría,
siendo
Vos la que quitabais
la
mayor pena y tristeza
con
solo ver vuestra cara?
Abad
Padres, no hay que enternecerse,
que mayor pena causara
verla en poder de los moros
y no poder rescatarla.
¿Que sintieran, Padres míos,
si en nuestra presencia osara
darle un vil hombre de golpes?
¿Que sufrimiento bastara,
si en este Divino Rostro,
cuyas mejillas de nácar
enamoraron a Dios,
le dieran de bofetadas?
Pues si en tantos sentimientos
se excusan para enterrarla,
tengan ánimo, no lloren,
alivien sus tristes ansias.
F. Fed.
¿Quién bastará, Padre mío?
Abad
La prudencia sola basta.
Baje, mi Padre Rodulfo, Baja.
y con reverencia santa
ponga este cuerpo glorioso;
y Fray Federico traiga
entre tanto las reliquias.
F. Fed.
Déjeme, mi Padre, darla
primero
muchos abrazos.
Abad Padre Federico, vaya.
F. Fed. Ya
voy, Padre. ! Virgen Santa,
G. mi
Estrella, mi Luz, Mi Alba!
!Adiós!
Baja las reliquias
Abad
!Terrible trance!
!Que corazón, Ay! Que entrañas
no ablandarán estas cosas?
Tome, Padre. Virgen Santa,
por última despedida
dadme un abrazo.
Soberana Emperatriz de los Cielos
!Adiós! Dala.
F. Rod.
Venid, Dulce Esposa;
venid, coronada Palma,
no a coronaros de flores,
como el esposo os llamaba;
sino a daros sepultura,
no entre pizarras y mármoles
como a los reyes del mundo,
que aun esa es nuestra desgracia,
que con ser Reina del Cielo
os dan sepultura honrada.
….sino a entrar en
sepultura,
no de marmóreas pizarras,
como los Reyes del Mundo,
que aun esa es nuestra desgracia.
Dadme los brazos y Adiós!
Que ya la tierra os aguarda
con los suyos.
Dadme esos brazos y.. !Adiós!
que ya la tierra os aguarda
con los suyos.
Entra
en la sepultura.
Abad
! Adiós, Virgen!
Adiós, Soberana Infanta.
Glorioso Mártir, tened,
pues que vuestra dicha es tanta,
cuenta con esta Señora,
pues tanto en vida la amabas.
Vale dando lo que va diciendo.
Póngalo a la mano izquierda;
Ponga al pié de la peana
esta caja de reliquias
y encima de ella esta Ara,
porque puedan con verdad
decir, si van a adorarlas:
aquí están, de cuerpos de Santos,
las reliquias reservadas.
Esta lámina de plomo,
adonde van refrendadas
las reliquias y también
donde escribo esta desgracia,
ponga también, por si acaso
viniese otra vez España
a poder de fieles hombres
y se descubre esta estampa,
sepan el por qué y el cuándo.
Y así mismo, también ponga
esta cruz, esta campana,
y sobre todo, al fin, ponga
Padre Rodulfo estas tablas,
porque no le dé en los ojos
la tierra a esa Imagen Santa.
F. Rod. Ya
está hecho, Padre mío.
Abad Pues deme la mano y salga. Sale.
Vuelvan a igualar la tierra
de la manera que estaba;
y entre tanto, Padres míos,
que de esta Capilla Santa
quito los velos dichosos,
el frontal, manteles y ara,
hagan Vuesencias lo mismo
por las demás; y en dejarlas
sin los adornos que un tiempo
las componían y honraban,
saquen de la Sacristía
los cálices y la plata,
las cruces, los corporales,
las casullas y las capas,
y en las acémilas pongan
eso y las demás alhajas;
y en estando todo a punto
denme aviso, y luego partan,
que yo y los demás después,
si viéremos que se tardan
los de San Bartolomé, nos iremos…
F. Rod.
Padre, basta.
Todo
se hará, si nos dejan
los
suspiros y las ansias,
que
en tan tristes despedidas,
en
vez de animar, desmayan.
Vamos, Padre Federico.
F. Fed. En
hora buena. Vamos. Vanse.
Abad Ya os dejo desnudo y solo, Desnuda
el altar.
Divino
Altar, mesa santa
adonde Dios
tantas veces
se dio en
manjar a las almas;
y adonde
(aunque pecador)
con solo
cinco palabras
convertía el
pan y vino
en vuestra
misma substancia.
Adiós, Capilla Divina;
adiós,
Soberano Alcázar
de la más
hermosa Reina
que vio el
Sol, después que el alba
robó las
menudas perlas
y en hebras
de oro las ata.
Adiós, columnas más fuertes
que las de
Sansón, pues bastan
a sustentar
vuestras fuerzas
otras más
célebres máquinas.
Adiós Alcázar Divino,
adiós
Capillas Sagradas,
adiós
Sepulcros Famosos,
adiós
Imágenes Santas.
Adiós, seno tan dichoso,
pues en tus
entrañas guardas
a la que
guardó en las suyas
aquel Divino
Monarca
cuyo poder es
tan grande
que con sus
tres dedos basta
a gobernar
cuanto encierran
Fuego, Aire,
Tierra y Agua.
Todos os quedad, adiós,
y a todos os
dejo en guarda
de este retrato
divino,
de este
soberana estampa,
de este
templo de virtudes,
de este pozo
cuyas aguas
lavaron de
Adán las culpas,
aunque tan
graves y tantas.
Mirad por esta Señora;
pero si Dios,
que es la guarda
de esta
ciudad, se descuida,
en vano será
guardarla.
Pero con todo, paredes,
columnas,
mesas, ventanas,
capillas,
altares, cruces,
patenas,
cálices, aras,
campanas,
cuadros, reliquias,
sepulcros,
celdas, estampas,
mientras
tanto que los moros
vuestro ser
no desbaratan,
haced lo que,
humilde, os pide
este que
tanto la amaba.
Sale el Hermano, alborotado.
Hermano ¿Padre mío, que es aquesto?
¿para qué,
diga, me manda
recoger toda
la ropa
y en acémilas
cargarla?
¿Siempre,
diga, está en su “efeta”?
¿No le basta
y le rebasta
haberle yo
prometido
y empeñado mi
palabra
que le seré
fiel amigo,
y que en
cualquiera borrasca
le he de
valer fuertemente?
¿Pues por qué anda
inquietando
al Monasterio,
que ya alguno
con sus bascas
está medio
corrompido?
¿Que teme, que le acobarda?
¿No le he dicho muchas veces
que le
compraré una espada,
y que con
ella, a mi lado,
no habrá
fuerte barbacana,
hecha a
fuerza de badoque
más segura?
¿por qué espanta
a los tristes
religiosos?
Déjese, acabe, y no vaya,
que están
lejos la Asturias ;
y son la
gente asturiana
tan torpes y
tan bozales
que me dicen,
quien los trata,
que son tan
necios que están
a canto de
Real de Plata,
y ser muy
grandes pollinos:
¿pues quién
le mete en borrascas?
Déjese de ir entre bestias:
que de entre
ellas no se saca
sino una coz,
cuando mucho,
que derriban
media anca.
Abad ! Quién pudiera, Hermano mío,
estar
siempre de sus gracias!
Vaya a prevenir su ropa,
que
quiero que luego parta
con
las acémilas.
Hermano ¿Como? ¿Qué?
Abad Que quiero que luego parta
y se
ponga de camino,
que
ha de partir con las cargas.
Hermano Pues, Padre, en resolución,
le
digo, que eso que manda,
si
no piensa rebocarlo,
que
puede buscar quien lo haga.
Yo no he de ir a las Asturias;
no
quiero gente asturiana:
gente
que, para ser bestias,
solo
la cola les falta.
!
Guarda, puto! No, no, Padre.
Vuesencia, si gusta, parta
con
todos sus sacerdotes
y
déjeme solo en casa.
No tenga miedo que el moro,
aunque
más canalla traiga,
me
entre las puertas adentro,
que
yo sabré bien guardarlas.
Esto digo y esto haré.
Y Dios y su Madre Santa
los
encamine y los vuelva con salud.
Abad Hermano, Deo Gracias!
Hermano No hay Deo gracias.
Ya
estoy libre
y me
voy a buscar armas. Vasse.
Abad ! Extraña resolución!
Salen Fray Rodulfo y Fray Federico.
F. Rod. Ya
está todo prevenido: solo falta
que Vuessa
Paternidad
les
despida, y que se vayan.
Abad Pues vamos a despedirles.
F. Fed.
Eso solamente aguardan.
Vanse.
Salen Tarife y Aliatar, moros.
Aliatar Aquí, Tarife invencible,
podrás el
fresco tomar.
Tarife No es malo el sitio, Aliatar.
Aliat. Digo que con más destreza
no lo
pintara un pintor.
Tarif. Es por extremo apacible.
Aliat. Son en efecto, Señor,
obras
de naturaleza.
¿Que pintor podrá jamás
(aunque
sea más que Apeles)
retratar
con sus pinceles,
Señor, lo que
viendo estás?
Tarif. No hay de qué maravillarse,
que
ya es negocio sabido
haber
siempre preferido
la
naturaleza al arte.
Negocio es averiguado
que
siempre el original
tiene
el ser más natural
que
el más perfecto traslado.
Aliat. Lo que importa es que entretanto
que no te
convida el sueño
(pues no es
el sitio pequeño)
te diviertas
tanto cuanto.
Mira allí el roble robusto
que está
ahora en su pujanza,
que por ser
tu semejanza
Sé que te ha
de dar gran gusto.
Mírate en los enebros
y el fresno,
en cuya corteza
los pastores,
con destreza
escriben
tiernos requiebros.
Los espinosos espinos
míralos sin
fruto armados,
los romeros
intrincados
y los siempre
verdes pinos.
Mira también aquel risco,
de cuyos
peñascos duros
nacen dos
cristales puros
que riegan
aquel lentisco.
En su margen de esmeraldas
mira qué de
bellas flores,
adonde
amantes pastores
tejen
curiosas guirnaldas.
Aquí, en efecto, Señor,
mientras el
sueño no llama,
pues te da el
campo su cama,
podrás pasar
el calor.
Tarif. El
campo que me has mostrado
es, Aliatar,
milagroso:
para la vista
curioso
y para el
gusto extremado.
Pero si como es de flores
fuera de
hombres armados,
fueran mis
gustos doblados
y doblados
sus primores.
Quien busca otros gustos, yerra;
que no hay
más que desear
que ver
armada en el mar
y un ejército
en la tierra.
Si me enseñaras que viera
un campo
escaramucear,
una ciudad
abrasar,
derribar una
frontera,
escalar una
muralla,
minar una
fortaleza,
ver el orden
y destreza
con que se da
una batalla,
dar un asalto
a deshora,
cercar un
fuerte castillo
y ver,
después de rendillo,
que este
canta y aquel llora,
sí me
holgara, porque son
cosas que me
satisfacen,
que las demás
sí me placen,
pero no con
perfección.
Con todo, un rato quisiera,
ahora que
estoy despacio,
aliviar algo
el cansancio
que vence si
persevera.
Reclínase
en tierra.
Tu, mientras tanto, Aliatar,
que tengas
cuenta te ruego
con la gente,
y vuelve luego
en ser hora
de marchar.
Aliat. Como las armas son, Señor,
tu gusto, no
me espanto
de que las
estimes tanto
y las tengas
tanto amor.
Es muy propio a cada cual
amar aquello
que trata:
ama el
platero la plata,
el lapidario
el cristal;
el labrador
también ama
por su
provecho la tierra;
ama el
soldado la guerra
y el delicado
la cama.
Ama el mar el marinero,
la obscura
noche el amante,
el poblado el
caminante,
el avariento
el dinero.
Ama el preso desdichado
la preciosa
libertad,
el triste la
soledad,
el pleiteante
su abogado.
Las galas ama el galán;
y todos al
fin, Señor,
tienen
entrañable amor
a lo que
tratando van. Duerme Tarife.
Y así, tu…. Pero que calle
el sueño me
está diciendo,
que está
Tarife durmiendo
y no es razón
despertarle.
Árboles que en esta selva
tal ventura
habéis tenido:
Tarife os
dejo dormido,
guardádmelo
hasta que vuelva.
Vasse.
a
Sale una visión horrible con llamas de fuego.
Visión… Invencible General,
diestro y
belicoso joven,
rayo furioso
de España
y de sus
hijos azote:
!Despierta! !Despierta! !Acaba!
Que estas no
son ocasiones
para que
duermas despacio
ni para que
el fresco tomes.
Mira la empresa que sigues;
mira el
peligro que corres
si, por tu descuido, España
otra vez las
armas coge.
Deja el regalado sueño;
embraza la
adarga doble;
desnuda ese
corvo acero,
guarda el
aura no le embote.
Marche tu campo a Caudete,
que importa
mucho que domes
de los
hombres que en él viven
los altivos
corazones.
Aunque con paz les convides
no esperes
que ellos la tomen,
que antes
perderán las vidas
que por su
señor te nombren.
Escala, pues, sus murallas;
derriba sus
altas torres,
que esfuerzo
tienes bastante
para
conquistas mayores.
!Caudete, Tarife, llama!
!Tarife, Caudete da voces!
!No dilates su conquista;
guarda que
Alá no se enoje! Desaparece.
Tarife !Al arma, al arma, Aliatar! Entre sueños.
!Zulema,
Lidoro, toquen,
no
aguarden, marchen sin orden! Levántase.
!Ah
de la guardia, Ah! Soldados!
¿Dónde
estáis, nadie me oye?
Sale Aliatar con la espada desnuda.
Aliat. ¿Que tienes, Señor? ¿Que es esto?
!Para,
detente, responde!
¡que
miras? ¿que es lo que buscas?
!sosiégate,
no te asombres!
Tarif. ¿Quién eres?
Aliat. ¿Eso preguntas? ¿No me conoces?
Tarif. Oh! Aliatar, amigo, ! Corre,
camina,
vuela, no pares,
sigue,
prosigue por donde
una visión
espantosa
se va
volando, y no tornes
sin ella;
acaba, camina,
tráemela, para que me informe Vase Aliatar.
despacio lo
que he de hacer;
que el sueño,
pesado y torpe,
no me dejó
persuadir
cabalmente
sus razones.
Pero ¿es posible que aquí,
entre pinos y
entre robles,
y en un sitio
tan ameno,
entre matas y
entre flores,
pueda haber habitación
para tan
fieras visiones?
No es posible, no lo creo,
sin duda
soñaba entonces;
que la
fantasía, a veces,
hace que
especies se formen
tan vivas,
que se le antoja
verdades con
ser ficciones.
Pero no, que bien me acuerdo
que me llamó
por mi nombre,
y me
reprendía el sueño
con fieras y
ásperas voces.
!Mahoma santo, que es esto!
Pues tú dices
que te invoquen
y les
valdrás…!Yo te invoco!
¿Por qué no
me socorres?
Sale
Aliatar trayendo a Mireno, con saco de
penitencia y el cabello suelto.
Mireno Si me llevas a morir,
dígote
que voy conforme
con
la voluntad de aquel
que
rige los cielos once.
Aliatar No vas a eso. Señor,
reconociendo
ese monte
hallé
una cueva, y en ella,
azotándose,
este hombre.
Tarife ¿Quién eres, bestia espantosa?
¿Quién
eres, monstruo? !Responde!
¿Eres,
por ventura, tú,
quien
salió de entre esos bosques,
y,
porque me halló durmiendo,
gravemente
reprendiome?
Dime quién eres, acaba
antes
que cólera tome
y de
ese peñasco abajo
en un
puntapié te arroje.
Mireno Soy, aunque no sé quién eres,
un
hombre que se dispone
para
gozar de la Gloria
con
ayunos y oraciones.
Soy el mayor pecador
que
todo el mundo conoce;
y
soy, para lo que mandes,
lo
que quisieres.
Tarife. ¿De donde eres?
Mireno De esta tierra soy.
Tarife Según eso.. ¿no conoces quién soy yo?
Mireno De ningún modo.
Tarife ¿Hasme visto alguna vez?
Mireno Fuera de esta, no.
Tarife Pues oye:
Yo soy moro de nación;
Tarife es mi
propio nombre.
Cansado de rendir pueblos,
porque mi
gente repose
quise reposar
también
porque, al
fin, también soy hombre.
Apenas me dormí, cuando
me desperté
dando voces
!Al arma! Y
fue la ocasión
que una
visión muy disforme
me encargó
rendir un pueblo;
y, por quién
soy, que no sé
cual pude
ser.
Mireno Pues si gustas,
para
que te desenojes,
te
iré nombrando los pueblos
que
se ven desde ese monte;
y
quizá de esta manera,
oyendo
decir sus nombres,
te
acordarás.
Tarife Dices bien.
Mireno Pues oye, gallardo joven:
desde aquel
monte soberbio
cuyos
peñascos disformes,
por ser tan
altos, parece
que a las
estrellas se oponen,
se ven,
arrogante mozo,
unas Villas
cuyos nombres
harán el tuyo
más grande
y tus
victorias mayores.
Aquel es Sax, que por muros
tiene pedazos
de monte.
Aquella otra es Viar,
que no los
tiene menores.
Esta es Yecla, aquella Almansa,
aquel
Montealegre, donde
el esfuerzo
de su gente
otro igual no
se conoce.
Allá bajo se ve Palma,
que el día
que tú la postres
te la ha de
dar en sus manos
para que con
ella te honres.
Montesa está más acá;
y Xátiva,
aunque se esconde,
deja a vista
su castillo
y sus
empinadas torres.
Vuelve por acá los ojos:
verás un
llano por donde,
con arroyos
de cristal,
se borda un
campo de flores.
Aquella que no descubre
sino solo
torreones
es Villena, a
quien un tiempo
vi llena de
blasones.
Aquella de más acá
es Azmirra,
Villa pobre;
Bogarra es
esta, y aquella
es una casa
tan noble
cuanto santa,
pues en ella
viven unos
santos monjes
al servicio
de una Imagen
cuyo soberano
nombre
alegra en el
Cielo al Ángel
y acá en la
tierra a los hombres.
Esta es Oliva, por quien
se llama
Oliva este monte,
y aquel que
está allí es Caudete.
Tarife !¿Que dices?!
Mireno Digo, Señor, que esa Villa
tiene
Caudete por nombre.
Tarife ¿Famosa Villa será?
Mireno Bien la fama lo dirá.
Tarife ¿Y su gente?
Mireno Noble, arrogante,
belicosa,
diestra y donde
si se
perdiera el valor
lo
hallara en sus corazones.
Tarife Alto, pues. Esta es la Villa
que
me han mandado que postre.
Aliat. Pues si es esa, Señor,
no
hay para qué te acongojes,
que
cuando por vía de paz
no se
te sujete, entonces
darás
asalto a sus muros
y
derribarás sus torres;
no te
de pena el rendirla.
Tarife Mal, Aliatar, me conoces;
no me
espanto de arrogantes,
que
otros más bravos leones
han
amainado su furia
temerosos de
mis golpes.
¿No sabes ya tu, que a España,
temida por
sus blasones,
hago que me
tenga miedo
y humilde a
mis pies repose?
¿Pues quieres tu que una Villa
y cuatro
infelices hombres
tengan
nombre, donde tantas
por Señor me
reconocen?
Con todo, si son tan bravos,
si con paz no
corresponden,
quiero que
entiendan que tienen
quien sus
arrogancias dome.
Quiero que me rindan parias,
que mis
vasallos se nombren,
que por su
Rey me obedezcan
y que por su
Dios me adoren.
Quiero que conozca el mundo
que soy quien
Mahoma escoge
para rayo de
Caudete
y de sus
hijos azote.
Aliat. Ea! pues, el campo marche,
y
antes que venga la noche
demos
asalto a Caudete.
Tarif. Ea! pues, a marchar toquen.
Tocan y vanse los moros.
Mireno Solo
me dejan, importa
antes
que a buscarme tornen
echar
este monte abajo.
Ya, Virgen, mis oraciones
oísteis,
pues que queréis
que
por mártir me corone. Vase.
Salen, Don
Gonzalo, con un papel en la mano, como leyendo; Julio y Teodoro, capitanes; el
Hermano
y los demás soldados que puedan.
D. Gon.
Primeramente, Capitanes fuertes
y
valientes soldados, dice el moro
que
si en paz le entregamos esta Villa
le
tendremos con él perpetuamente,
dejándonos
con vida y con hacienda
y
entre los nuestros; pero cada un año
le
haremos d renta tributo en todo,
para
dar a entender que es soberano.
Hermano !Esa ley es injusta! !Y voto a Cristo,
que
el hombre que la admita es un infame.
D. Gon.
¿Para que se adelanta, Hermano mio,
a dar
su parecer, habiendo hombres
a
quien debe guardarles cortesía?
Hermano Pensaba, Señor, que aquí en la guerra
no se
guardaban términos políticos.
Vuesas Mercedes perdonen mi mal término,
que
yo me enmendaré de aquí adelante.
Julio Digo, Señor Gonzalo, que si el moro
se
contenta con eso solamente,
y
supuesto que viene muy pujante,
no lo
tuviera, yo por mí, errado
que
se le diera la Villa.
Teodoro Pues yo digo:
que
si el moro nos diera cuanto pide,
no se
la diera yo, porque es infamia
ser
tributarios de tan infame gente.
Soldados Eso mismo decimos.
Hermano Pues yo solo,
cuando
todos se dieran, no me dara;
¿no
ven que nos tuvieran por gallinas
y
después, si quisieran, nos pelaran?
Mi Señor Don Julio, no esté tímido,
que aunque
nace el temor de cosa frígida,
parézcase a
su mes, que es calidísimo,
y considere
bien que un hombre idólatra
no guardará
palabra; ni a un bárbaro
será razón el
conocer por príncipe.
¿No sabe que desciende el agarénico
de Mahoma y
que fue un arriero mísero?
Es negocio de risa; vaya y dígales
(si acaso
tiene para hablarles hígados)
que digo yo,
como hombre público
que tiene
bien leídos los capítulos
de los libros
del derecho sutilísimo.
Y si acaso pretende algún malévolo
que en lo que
voy diciendo soy sofístico,
lea el
capítulo cuarto, línea quinta,
párrafo siete
y códice cincuenta,
y verá que
prohibe “expresis verbis”
todo entrego
que fuese voluntario.
D. Gon. Dice
más: que si acaso nos rindiésemos,
que
hemos de negar la Ley
de Cristo
y
hacer mezquitas las iglesias santas.
Julio Esa ley es injusta, aunque no es nueva,
que
en tiempo de Witiza se guardaba,
y era
Rey en España, mas con todo,
no la
debe admitir ningún cristiano.
Teodoro Ni la primera ni la segunda admito:
la
primera por ser contra mi honra
y la
segunda contra Jesucristo.
Soldados Eso mismo decimos y afirmamos.
Hermano Yo soy cristiano viejo, y “hoc supósito”,
debo morir por Dios y por su Iglesia.
D. Gon.
Item, dice: que nadie sea osado
de
tener en su casa cruz alguna
ni la
imagen de Dios ni de sus santos.
Julio En la primera Ley dudoso estuve;
en la
segunda, no, y en esta menos,
antes
bien, me resuelvo que a ninguna
se le
debe admitir.
Teodoro Siendo católico,
y
habiendo contradicho a la primera,
no
admitiré segunda ni tercera.
Hermano ¿Tiene más que decir?
D. Gon. ¿Por
qué lo dice?
Hermano Porque si todas llevan ese estilo,
califícolas
todas por heréticas,
y a
todas les respondo que las niego;
y que
se vaya el perro enhoramala.
D. Gon.
Todas, señores, son leyes injustas,
y
todos somos por la fe cristianos;
ella,
sin obras, es cual si no fuera;
quiero
decir con esto, caballeros,
que
muramos por ella, que más vale
morir
gloriosos por la fe de Cristo
que
vivir, y negarla, como infieles.
¿No están todos en esto?
Todos En eso estamos.
D. Gonz. Pues
eso al moro respondamos.
Sale Lidoro, moro.
Lidoro Enfadado de aguardar
tan
larga resolución,
vengo a saber
la ocasión
que os hace dificultar.
Si con la paz os convida
quien puede,
con cruel guerra,
asolar toda
la tierra
y no dejar
hombre con vida…
¿En qué
reparáis, que es esto?
¿Como no me
respondéis?
¿Pero no me
obedecéis?
¿Cómo no me
he descompuesto?
Si por eso infama es,
por el
Profeta Mahoma,
que os
despedace y os coma
y que os
vomite después.
D: Gon. Moro, aunque tengas licencia
de embajador, no es razón
que con tan
poca ocasión
te atrevas en
mi presencia.
Repórtese en el hablar,
porque si no
se refrena,
vive
Dios, que de una almena
le he de
mandar ahorcar.
Vaya al punto y dígales
que estamos
determinados
a defender
como honrados
nuestra
patria y nuestra fe.
Dígale que luego venga,
y que aunque
venga arrogante,
que habrá
quien salga delante
a decir que
se detenga.
Diga, que empieza a marchar
su Campo, y
porque se asombre,
dígale, que solo un hombre
le piensa
desbaratar.
Hermano Ese que el
Señor Gonzalo
encubre,
es bien manifiesto:
yo soy,
moro, y soy quien esto,
(enseñándole el palo)
hará
que os dé mucho palo.
Lidoro Si ya tu sabes quien es
el
gran Tarife, no quieras
que
tus cristianas banderas
sirvan
de alfombra a sus pies.
Dale la Villa que intentas
defender,
o harás que huelgue
de
que en sus murallas cuelgue
sus
lunas y tus afrentas.
No pienses que es enemigo
de
los que cualquiera doma,
es
hombre que con Mahoma
se
habla, como yo contigo.
Es, en efecto, cruel;
triste
de ti si le esperas.
Hermano Vete, morillo, y no quieras
que a
Mahoma, a ti y a él, os ahorque.
Lidoro Estarás loco
o no
hablaras de veras,
porque
si le conocieras..
Hermano Vete, perro!
Lidoro Espera un poco..
échalo fuera a palos el hermano.
D. Gonz. Ya,
valientes Capitanes
y
soldados de mi alma,
llegó
la ocasión forzosa
para
volver por la patria.
Conozca el Moro arrogante
que
no solamente Albania
cría
valientes leones,
sino
que también España.
Conozca ser españoles,
y que
no en balde la fama
os
alaba de valientes,
sino
que méritos halla.
Sale
Mireno, de paisano, con la espada desnuda.
Mireno !Al arma, españoles fuertes!
!Gente
belicosa, al arma,
que por la Sierra de Oliva
más de dos
mil moros bajan!
¿Que hacéis aquí descuidados
cuando, con
trompas y cajas,
con su
belicoso estruendo,
a muerte nos amenazan?
Ya el poderoso enemigo
ha puesto su
gente en arma,
y con
presuroso paso
hacia nuestra
Villa marcha.
Ya sus ligeros caballos
confuso polvo
levantan
y hasta con
sus relinchos, ellos
a muerte
cruel nos llaman.
Toquen al arma, que hacemos
guerra.
!Guerra! !Cierra España!
!Seguidme, a
ellos, mueran!
!Ayudad,
Virgen de Gracia! Vase deprisa.
D. Gonz.
¿Quién fue aquel hombre, Teodoro?
Teodoro Como cubierto llevaba
el
rostro con el cabello,
no le
pude ver la cara.
Julio ¿Que importa saber quién es,
Señor
Gonzalo? ¿No basta
que
nos avise, y ser cierto
que
quien avisa no engaña?
D. Gonz. Muy
bien decís. !Alto, amigos!
!Acudid
a la muralla!
Vanse y
queda solo el Hermano.
Hermano Dos mil moros, me parece
que
dijo aquel que bajaban;
muchos
son, pero qué importa,
que
si cuatro mil bajaran,
yo
solo, con este palo,
a
deshacerlos bastara. Vase.
Salen
Tarife, Lidoro y Aliatar, moros.
Tarife ¿Esta es la Villa famosa,
esta
es la antigua Caudete,
esta
es la que me promete
nombre
eterno y fama honrosa?
¿Estos son los muros altos,
estos
los fuertes castillos,
estos
los que para rendillos
han
menester mil asaltos?
¿Aquí tiene aquella gente
tan
arrogante y tan brava;
aquí
la que el mundo alaba
de
cortés y de valiente?
Lidoro Sí, Señor.
Tarife Pues si es esta, en poco la estimo.
Lidoro ¿Cómo? Su valor es celebrado.
Tarife Por Mahoma, si me enfado,
que
la rinda a puntapiés.
¿En tan poco soy tenido
que
para un pueblo cual este
me
mandan arme y apreste?
Por Alá, que estoy corrido;
pero
pues que ya aquí estoy,
solo
al muro quiero ir,
que
para hacerles huir,
bastará
saber que voy.
Aliatar Con todo, manda marchar
el
Campo, no pare un punto;
vete,
Señor, con él junto;
no
quieras aventurar
tu
persona de esta suerte;
no te
engañe el corazón,
mira
que de una traición
no
está seguro el más fuerte.
Tarife Tu parecer me provoca;
seguirlo
tengo.
Lidoro Señor, eso será lo mejor.
Tarife Pues idos, y a marchar toca. Vanse
Lidoro y Aliatar.
Temerarios españoles
que estáis
mirando soberbios
en mis manos
vuestra muerte
y en mis
brazos vuestro entierro.
Mal guarnecidas murallas,
cuyos
espaciosos lienzos
servirán para
mortajas
a vuestros
míseros cuerpos.
Torres de viento empinadas;
castillos
cuasi deshechos,
sobre quien
mis estandartes
desplegar
verás al viento.
Fosos hondos y cercados,
que servirán
con el tiempo
de sepulcros
hediondos
a los mismos que
os hicieron.
Pendones rojos y azules
que estáis
tremolando al viento,
aunque para
mí, no es
sino que
tembláis de miedo.
Yo soy aquel, cuyas obras
han hecho mi
nombre eterno,
quien a la
arrogante España
ha de
postrar por el suelo.
Soy verdugo de Cristianos,
soy azote de
los Cielos,
soy la muerte
de Rodrigo.
soy la furia
del Infierno;
soy Tarife,
al fin, y soy
rayo, azote,
furia y fuego,
verdugo,
cruel homicida,
castigo,
espada y tormento.
Todas estas cosas soy,
sin otras
muchas que dejo,
para vuestro
desengaño,
reservadas en
mi pecho.
Vengo, si no lo sabéis,
a rendiros y
prenderos,
y a daros, en
vez de paz,
la guerra, a
sangre y fuego.
¿Que aguardáis, soberbios muros?
¿Como,
castillos soberbios,
no os rendís?
¿Pues no sabéis
ya quién soy,
y a lo que vengo?
Y vosotros, españoles,
que habéis
hecho tantos fieros,
¿como estáis
tan retirados,
ahora que
vengo a veros?
Salid al campo, cobardes;
salid, que
solo os espero;
y si no,
abridme las puertas
y entraré a
mataros dentro.
¿Que aguardáis? ¿Que respondéis?
Salid o
abrid, que os prometo
que pondré
fuego a los muros
y haré volar
este pueblo.
Sale el Hermano en lo alto del muro, con un palo.
Hermano Señor galgo, voto a Cristo,
en quien juro
y en quien creo,
que si no se
va a la mano
y ladra con
más respeto,
que sabrá a
que sabe el palo,
pues sabe que
sé que es perro.
Si piensa que con bravatas,
con desgarros
y con fierros,
nos ha de
ablandar, advierta
que no somos
nada tiernos;
y si por
venir con galgos
pretende
ponernos miedo,
sepa que no
somos liebres
para haber de
huir en verlos.
Todos son como unos Césares;
solo yo soy
algo menos
en calidad,
que en valor,
a más que
dar, se lo presto.
Dígolo para que el galgo
hable con
comedimiento,
porque se le
harán tener
le romperán
los huesos.
Miren que se me da a mí
que sea zurdo
o derecho,
que sea azote
o verdugo,
como si acá
no supiéramos
que si es
verdugo, es forzoso
haber de
andar entre ellos.
Y si es Tarife.. ¿que importa?
¿Tarife?
!Miren, por cierto,
que nombre
tan fanfarrón,
tan hinchado
y tan soberbio!
¿Tarife, dijo? Por Dios,
que casi,
casi, ya tengo
ascos de
haberle nombrado
y el estómago
revuelto.
Si son todos, señor Tarife,
cual él,
desde aquí le advierto
que no tengo
para un golpe
con más de
mil y quinientos.
Pero dejando esto aparte,
yo, en nombre
de todo el pueblo,
le digo que
se retire
y se guarde
de entrar dentro:
mire que es
perro, y quizá
le saldrá
alguno al encuentro
y le cogerá
entre puertas.
..diciéndole: suelta el
hueso!
Él no ha de querer
soltarlo
y le darán “pan de
perro”.
Tarife Prosigue, prosigue, que te prometo
que
me das notable gusto con tus dichos.
Hermano Ay! Ay !Ay! el perro!
!Pues
aguárdese y verá
si se
lo dicen mis hechos!
Vase
¿No ven el señor moreno?
Pues aguárdese y
verá
si le dan gusto
mis hechos!
a
Sale Mireno con la espada
desnuda y rodela.
Mireno Vuelve atrás, moro arrogante;
detente,
joven soberbio;
y si te
bastase el ánimo
para salir
cuerpo a cuerpo,
señálame
campo y armas;
y si estas
que ahora llevo
son a las
tuyas iguales,
este es el
campo, aquí te reto,
aquí partamos
el sol;
aquí, si
gustas, podemos
evitar muchas
desgracias
que será bien
evitemos.
Rétote así por injusto,
por contrario
de los cielos,
por enemigo
de Dios,
de su fe
santa y sus templos.
Te reprendo por mal hombre
que no cree
lo que yo creo,
y reprendo
cuanto haces
por injusto y
por mal hecho.
Yo soy, aunque en este traje,
aquel que en
un bosque espeso
me halló un
moro de los tuyos
y ante ti me
trajo preso.
Yo soy quien, desde aquel monte,
te enseñaba
con el dedo
todas las
Villas famosas
que viste; yo
soy el mesmo
que ahora,
moro arrogante,
te desafío y
reprendo.
Tarife ¿Ya me has retado?
Mireno Sí.
Tarife ¿Pues que pretendes con eso?
Mireno Probarte que soy cristiano,
y que
pretendo, con serlo,
morir
por la fe de Cristo.
Tarife Pues si no quieres más, presto
verás que lo
que yo hago,
lo que digo y
lo que emprendo,
es justo; y
que yo en mi Ley,
como tu en la
tuya, creo
que me tengo
de salvar.
Mireno Mientes, moro, que en el Cielo
no tiene
lugar Mahoma,
ni los suyos;
solo aquellos
que creyeren
firmemente
todo lo que
yo defiendo
con fe viva
tiene lugar en los cielos.
Yo defiendo que hay un Dios,
Y que este
Dios es eterno;
que hay tres
personas distintas
y tres divinos
supuestos;
pero en el
Ser y Saber
no hay sino
un Dios, y es inmenso.
Defiendo que, de estas tres, una,
que fue el
soberano Verbo,
tomó carne en
las entrañas
del más puro
y casto pecho
que del
linaje de Adán,
nuestro
padre, procedieron.
Defiendo que parió virgen,
y que sin
sentir tormento
como las
demás mujeres,
quedó virgen;
y defiendo
que ni tuvo,
ni ha tenido
culpa
original; y aquesto
defenderé
donde quieras.
Tarife Pues todo eso te lo niego.
Y por
no darte razones,
aunque
muchas darte puedo:
por
cumplir con nuestra Ley,
que
tenemos por precepto
haberla
de defender
con
las armas. Mano meto
a mi
espada.
Salen Lidoro y Aliatar.
Aliatar Oh! Gran
Tarife!
Qué
es esto, Señor? Qué es esto?
Tarife Quiero
matar a un cristiano.
Mireno Y yo matar
quiero a un perro.
Lidoro ¡Ríndete!
Mireno ¿Cómo
rendirme?
Por
Jesucristo peleo;
Por
mi ley, como cristiano,
Tengo
de morir primero.
Tarife Pues ya
no tardarás mucho.
Entranse
acuchillando a Mireno, tocan dentro al arma, dan voces de pelea y sale el
Hermano con su palo.
Herm. Esto sí,
cuerpo de Dios:
suene
el bélico instrumento
y
sepan que estamos vivos
los
que nos tienen por muertos.
¿Dónde
estáis, perros infames?
Volved,
volved acá, perros,
no
digan que de las liebres
huyen
los galgos ligeros. Tocan al arma.
Al
arma otra vez tocaron:
sin
duda han entrado dentro;
vamos
allá, que mi ayuda
les
ha de ser de provecho. Vase.
Sale
Don Gonzalo retirándose de Tarife, peleando.
Tarife ¡Ríndete,
vil cristianillo!
Don Gon. Matarte hé,
perro, primero,
Y
después, si me cansase,
Volveré
a tomar esfuerzo. Entranse peleando.
Sale Teodoro retirándose de Aliatar,
peleando.
Teo. No
pienses, moro arrogante,
que
el pecho me has abierto
por
tantas partes que pueda
entrar
por ninguna el miedo.
Aliatar Acabaré
de matarte
Y así
quedarás contento,
Pues
con un cuarto de vida
No te
me quieres dar preso. Éntranse
peleando.
Sale Julio retirándose de Lidoro, peleando.
Julio No
pienses, moro, en vencerme.
Lidoro Es gastar
tiempo en el aire
Si
piensas que preso o muerto
Has
de escapar de mis manos.
Sale el Hermano con su palo.
Herm. ¿Vos sois?
Venturoso encuentro;
Probaréis,
perro, si basto
Yo
solo para venceros.
¡Dale
Julio, muera, muera,
a
ellos, España, a ellos!
Éntranse dándole.
Tocan al arma, suenan dentro ruido de
espadas y voces de pelea y salen delante retirándose Don Gonzalo, Teodoro y
Julio de Tarife, Lidoro y Aliatar, y los demás moros que pueden, y detrás el
Hermano
.
Herm. Ea,
valientes cristianos
dales
Mueran
a palos los perros.
Tarife ¡Detente,
fraile o demonio!
HERM. ¡Perros, en
haberos muerto!
¡Huid,
gallinas, huid,
que
estoy, de veros huyendo,
aunque
rendido y cansado
contentísimo
en extremo!
Ásenle por detrás dos moros.
¡Perros!
¿A traición venís? Dales.
Aliatar ¡Dale,
Lidoro!
Herm. Es si
quiero recibirlo. ¿Qué no hay más? Dales
Lidoro ¡Tente
fraile!
Herm. ¡Tente
perro!
Aliatar Repara
bien que es infamia
a uno
tener dos miedo.
Lidoro No me
atrevo a resistirlo.
Herm. Pues yo
bien, perro, me atrevo,
no a
dos, si son tan cobardes,
sino
a dosmil y doscientos. Éntranse todos peleando.
Suena dentro sin cesar ruido
de armas, voces de pelea, tocan al arma y sale Mireno herido.
Mireno Ya, ni
Dios Crucificado,
estoy
ufano y contento
por
morir por vuestra fe;
ya
esta herida que en mi pecho
abrió
puerta para el alma
y
haya sido el instrumento
para
gozaros allá
la
estimo y la reverencio.
Y Vos, Virgen Soberana,
pues
sois la puerta del Cielo
y por
quien troqué la vida,
que
ahora la abracéis os ruego.
Sale
D. Gonzalo, herido.
D.Gonzalo ¿Qué voces tan lastimosas
son
estas? Que aunque el tormento
de
mis heridas es grande,
más
el de estas voces que siento.
¿Quién eres, hombre?
Mireno Ay, hermano!
(ya
que este nombre merezco),
yo
soy; y solo me pesa
tener
ya tan poco esfuerzo
que
no te puedo abrazar;
más
tú, si no tienes menos,
te
suplico que me abraces
y me
des este consuelo.
D. Gonz. Ay, hermano de mis ojos!
Ay,
mi querido Mireno!
¿Posible
es que, tras tantos años,
que
una vez que a verte llego
sea
en tan triste ocasión
que
remediarte no puedo?
¿estás
de muy mal herido?
Mireno Estoilo tanto, que pienso
que
ya el alma se despide
de
este miserable cuerpo.
¿Y tú lo estás, mi Gonzalo?
D. Gonz. Tres o cuatro heridas tengo,
pero
no son sus señales
mortales,
a lo que entiendo.
Mireno Pues yo no tengo más que una;
pero
estoy que por momentos
me va
acabando la vida.
Solo una cosa te ruego,
(ya
que para tanto mal
solo
la muerte es remedio):
que,
si es posible, me entierres
en
aquel dichoso templo
donde
está la Imagen Santa
que
yo perseguí algún tiempo;
Ya, para ablarte el aliento me falta.
¡Dame los brazos, y adiós!
D. Gonz. ¡Adiós, hermano Mireno!
Mireno ¡En vuestras manos, Señor,
mi
espíritu os encomiendo!
Cae muerto.
Dentro, voces tocando
clarines y cajas.
Voces
Victoria! Victoria y Mahoma!
D. Gonz. Antes que
den con nosotros
quiero
hacer su triste entierro.
¡Dichoso
tú, que has ganado
de
mártir palma y trofeo! Vase llevándole.Sale el Hermano
Hermano Señores, a mi casa me retiro,
no
más batalla en el pueblo;
pues
que he escapado con vida
a
guardarla me resuelvo. Vase.
Salen Tarife, Lidoro, Aliatar y
demás moros y traen, presos y atados, a todos los cristianos que puedan salir.
Tarife Eh, vil
Caudete! ¿Es posible
que
tuviste atrevimiento
para
resistir mi campo
constándote
de mi esfuerzo?
Pero bien me lo has pagado;
esos
que quedan sujetos
quiero
que mueran también,
pues
también se resistieron.
Aliatar ¿Qué has de sacar de matarlos?
Mejor
es que queden presos
y que
mueran muchas veces.
Lidoro ¿Está el Motilón entre ellos?
Aliatar ¡Ojalá!
Que por Alá,
Lidoro
amigo, prometo
que
me había de pagar
los
agravios que me ha hecho.
Tarife ¡Marche el campo! A marchar tocan... tocan
que
quiero que ese convento
quede,
a pesar de sus monjes,
arruinado
por el suelo.
Y esos míseros cristianos,
Antes
que parta, ponedlos
En
cárceles tan obscuras
Que
acaben sin ver el cielo.
Lidoro Vamos pues.
Aliatar Andad, canalla,
donde
paguéis vuestro yerros.
Todos
El fin, Ilustre Senado,
de este trágico suceso,
mañana por la mañana,
veréis en este puesto.
Vanse todos, y cae el telón.
A