ACTO SEGUNDO
Jornada
Tercera
Salen Don
Rodrigo y Zulema.
D Rodrigo ¿Zulema, ha venido hoy
el médico a visitar
A Pedro López?
Zulema Ya estar;
pero ya a comer no doy,
porque estar tan fatigado...
Zulema Estar ya tan fatigado
Pedro
López, Mi Señor,
que
no le quedar valor
para
pasar un bocado.
D Rod. Mucho me duele, que era
hombre de bien, por mi vida.
¿Ya no quiere la comida?
Zulema No, Senior, echarla fuera.
D
Rodrigo Pues al instante vete
y le darás aquel pisto
que he dejado.
Zulema ¡Veva Cresto,
que le diera un pistolete !
¿Hasle dado aquel pisto?
Zulema ¿El cazolete, Señor?
D Rod. Anda, calla y vete.
Zulema Ya me voy, y no resisto
a darle, Señor, el pisto;
y aún quisiera un pistolete. Vase. Sale Zelauro.
Zelauro A despedirme de Vos,
Señor Don Rodrigo, vengo.
D Rod. Esa merced yo la tengo,
en el alma vive Dios;
y esto para entre los dos.
Mucho, Zelauro, he sentido
que tan mal hayan salido
todas vuestras pretensiones,
mas el Rey, por mil razones,
disculpa en todo ha tenido.
Zelauro Ya, Señor Gobernador,
con mucho gusto nos vamos.
y supuesto que os dejamos
prendas de tanto valor
por no pasar el rigor
que la sujeción promete;
no digo yo de Caudete
fuera acertado ausentarme
mas del mundo, por no hallarme
sujeto al valor de Amete.
Lo que yo siento es dejar
un amigo tan amigo
como Vos.
D Rod. Lo mismo digo;
y que a poder remediar
vuestro disgusto y pesar,
con la sangre de mis venas
lo hiciera yo.
Zelauro Nuestras penas
se acabarán de una vez
cuando en la ciudad de Fez
nos amparen sus almenas.
D Rod. ¡Que dolor!
Zelauro ¡Que duro trance!
D Rod. ¡Que desdicha!
Zelauro ¡Que
tormento
puede igualar al que siento,
pues dá a mis penas alcance!
D Rod. Que la fortuna, este lance
hecho, amigo, y duro ha sido,
y así quedad advertido,
son golpes de la fortuna,
y el que no tiene ninguna
muy necio o dichoso ha sido.
Zelauro Voime, con vuestra licencia.
D Rod. Los brazos os quiero dar. Abrázanse.
Zelauro ¡Ay, Rodrigo, que pesar!
D Rod. ¡Ay, Zelauro! ¿Qué paciencia
podrá mediar esta ausencia?
Adiós!
Zelauro Ampáreme el Cielo!
D Rod. Él os guíe y dé consuelo;
porque dudo haya pesar
como es un hombre dejar
sin morirse el patrio suelo. Vanse.
Salen Montano y Hergasto.
Montano ¿Es
posible? No lo creo.
Hergasto ¿No
me cree? Bueno está;
muesamo que queda feo,
entonces su mal empleo
llegará a reconocer;
y sin poderse valer,
menoscabada su hacienda,
empezará la contienda
y entonces será el creer.
Yo le digo la verdad:
que el buen mancebo hace pella
para cogerse con ella
so capa de santidad.
Que a mí, por buena amistad,
me tiene dicho y contado
que está muy determinado
por los ruegos de su madre
ir a buscar a su padre,
que dicen que es gran soldado.
Anteayer vendió un rebaño
de borregos, y el dinero
le compuso en el apero;
mire si es bobito el daño.
Montano Basta; yo me determino
esta vez, desengañado,
a despedirle.
Hergasto Un pollino
vendió también,
y este robo le supo aplicar al lobo,
que es ladrón a lo divino.
Montano Yo creo que Juan
ha dado en esa flaqueza.
Hergasto Por Dios, Señor, que es la pieza
de condición del Imán.
Montano Con santulario ademán
me ha engañado este villano.
Vive Dios, que con mi mano
la vida le he de quitar,
y con su sangre lavar
este agravio chabacano.
Vamos, que el llano y el monte
he de trepar, hasta tanto
que llegue a ver aquel santo,
polilla de este horizonte.
Tú, Hergasto, al punto dispónte
para ser mi mayoral,
que quien me avisa del mal
y mis aumentos procura,
su buena suerte asegura,
paga y premio de leal.
Hergasto Yo, Señor, voto a mi sayo,
que ha de ver como soy fiel
y que me mato con él
antes que se pase Mayo.
Montano Quédate a Dios. Vase.
Hergasto Como un rayo
parte Montano: Ah, cruel
envidia! Si da con él
por mi testimonio, al fin
yo vengo a ser el Caín
de aquel inocente Abel.
Ya estoy medio arrepentido,
¡válgame Dios! ¿Qué me ha dado?
Mas que propio es el pecado
en haberlo cometido...
¡hallarse un hombre afligido!
¡Ah, malicia desabrida!
pues no ha de haber quien lo
impida,
quiero correr y volar,
por ver si puedo estorbar
que no le quiten la vida. Vasse.
Sale Juan López como en el campo
y habrá
una fuente. Lleva rosario.
Juan Páramo solitario
cuyo silencio al Cielo santo
imitas,
del bullicio contrario
adonde el alma humilde solicita
gozar de aquel consuelo
y dulzura mayor que ofrece el Cielo;
en ti quiero alegrarme
sin envidias, tesoros ni grandezas,
pues no puede faltarme
la riqueza mayor de las riquezas.
Si con silencio miro
la grandeza de Dios ¿de que me admiro?
Aquí miro las flores
que el aurora atiza con sus perlas,
y arpados ruiseñores
de flor en flor madrugar a cogerlas,
alternando suaves,
dulces motetes, misteriosos, graves.
Miro esta clara fuente
que, por no murmurar, desliza
su líquida corriente;
y con este silencio, se eterniza,
y traslada, suaves,
la mayor hermosura en sus cristales.
Aquí miro el Prado Gordo
que galán le vistió la primavera,
y el blanco ganado todo
le contemplo esparcido en su ribera,
sirviendo de guirnaldas
al campo, de zafiro y esmeraldas.
Pose allá el poderoso
la privanza mayor en sus favores,
que yo, de este reposo
me quisiera alabar entre pastores,
que no hay mejor fortuna
como llegar a no tener alguna.
Aquí mis ejercicios
pastoriles prosigo, y no me canso;
y desterrando vicios
guío mi dulce y regalado Manso,
unas veces al prado,
y otras al monte altivo y elevado.
Aquí con la Aurora ,
vestido de esperanza, al Cielo pido
los bienes que atesora
al que los sabe dar y, enternecido,
apenas pido, cuando
me dan,
sin merecer, lo que demando.
Aquí, con mi rosario, Sácalo.
de aquel general destierro,
y así, con razón, le encierro
en esta sala hasta ver
si el perro sabe morder.
Cura Burla ha de ser extremada.
D Rod. Un poco será pesada
y los dos la hemos de ver.
Vanse
los dos.
Zulema ¡Bono has quedado, Zulema!
encomendarte a Mahoma
todo lo que tu quisieres.
Ah! ¿Cómo faltar la luz?
Senior? Senior? Tomó y fuese
y dejóme perdigado
para lo que Dios quisiese.
Hechas demonios mis manos
van tentando las paredes,
y mis narices también
todas a defunto huelen.
Yo quiero entrar en la cuadra
donde está el defunto, y verle,
y sacar luz acá fora;
quiera Mahoma que acierte.
Esta es la puerta... Ay de mí!
¡Que beliaca cara tiene
Perro López! Yo me animo
a entrar... y venga lo que viniere. Vase.
Salen el Cura y Don Rodrigo al paño.
D Rod. Desde aquí podemos ver,
señor cura, los papeles
que mis dos criados hacen
contra este moro insolente.
Cura Está muy bien.
Sale
Zulema con una vela encendida.
Zulema Ya, gracias a Alá, estaré
para lo que se ofreciere
mejor que mejor, que el medo
hacer carantoñas sempre.
Sale una fantasma, por la misma
puerta y lleva
un pellejo o pergamino para dar
a Zulema.
Fant. 1 Zulema...
Zulema... Auuu!
Zulema ¿A mí dices?
Ay! Que quieres?
Zulema A
mí llamar? Que me quiere?
Mas...
Ay, que feo demonio!
¿eres
Perro López? Vete,
no
querer contigo nada!
Fant. 1 No
soy Pedro.
Zulema ¿Pues
quien eres?
Fant. 1 Embajador
de Mahoma.
Zulema ¿Tu
embajador? ¿Pues que quieres?
Fant. 1 Llevarte al infierno quiero.
Zulema ¿Por qué causa?
Fant. 1 Porque vendes
eres cristiano, sabiendo
que mientes, perrazo, mientes.
Zulema Si senior, miento y remiento,
y rementiré mil veces,
porque me deje y se vaya,
que pienso mis zaraguelles
están de olor que no cogen
y es mucho lo que trascienden.
Se va retirando de espaldas a la otra puerta y por
allí aparece otro fantasma.
Fant 2 Zulema... Zulema... Auuu!
Zulema Ay, senior, aquí perderme!
¿Qué querer asombro, a sombra?
Fant. 2 Llevarte al infierno quiere
Mahoma, pues siendo moro
dices que cristiano eres.
Zulema No senior, que soy más moro
que no los moros de aliende;
y por Mahoma le juro
que soy moro para siempre.
Fant. 1y2 Zulema... Zulema... Auuu!
Zulema Esto es hecho. Aquí me prenden
y a los infiernos me llevan
adonde pague el que debe.
Fant. 1 Dame una mano.
Zulema Toma.
Fant. 2 Esa otra es bien que me entregues.
Zulema ¿Cómo, si tener el luz?
Fant. 2 Yo quiero que la luz sueltes.
Tómanle
de las manos, danle y se le cae la luz.
Zulema Ay, que al infierno me llevan!
Fant. 1y2 Sufre y calla!
Zulema El diablo puede
sufrir le maten a palos
sin consentir que se queje.
Danle
y llévanle. Salen Don Rodrigo y el Cura.
Cura Por Dios, que ha sido extremada
la burla.
D Rod. Pues lo merece,
tenga paciencia el perrazo
y llévela.
Cura Cuatro dientes le han faltado
en la batalla.
D Rod. Mas que le faltaran veinte,
pues diré que en el infierno
ha visto muchos parientes
suyos; y el que de Plutón
llega a ver los eminentes
palacios, jamás se alaba
que pisa verdes tapetes.
Retíranse al lado izquierdo
hablando, y salen
Montano,
Juan López y Hergasto de camino;
lleva
Juan López carta y papeles en el zurrón.
n saber el bien que tiene.
Esta gente ¿será del lugar?
Montano Y aun me parece que es gente
Juan Gracias al cielo que estamos
en la Villa de Caudete.
Hergasto Por Dios que es apacible
y galán sitio el que tiene.
Montano Que llano que se descubre!
Juan Dichoso lugar, que albergue
le da a la Reina del Cielo
si
de valor, yo quiero hablarles.
Hergasto Razón es que, Señor, llegue.
Montano Señores, por cortesía
suplico a Nuesasmercedes
nos encaminen a donde
Cura De este lugar el Gobernador
es el que tenéis presente.
Montano Pues Señor, Vuesamerced
vea y mire unos papeles busca los papeles
que
mi criado Juan López en el zurrón.
trae.
Cura Más si fuese aparte.
Juan López, este mancebo
que ya por la herencia viene...!
D Rod. No, Señor Cura, es engaño,
que ha de ser el que pretende
manco, y todos los que miro
bien sanas las manos tienen.
Juan Gracias a Dios que le hallé.
Esta carta, Señor, viene
al Gobernador y a todos
cuantos el lugar gobiernen.
D Rod. Dádmele acá ¿quién las envía?
Juan El Cura y el Arcipreste dásela.
de mi lugar, los Alcaldes
y toda la demás gente
de Paracuellos.
Cura Por Dios,
que a ser manco el mozalbete,
a los quinientos ducados
les daba con la del viernes.
D Rod. La carta quiero leer,
pues que yo tengo las veces
de todos los oficiales,
y sabré lo que contiene. Lee:
Señores, en esta Villa consta por verdad autentica
como Juan López, Hijo de Pedro López y de María de la Paz ,
nació manco de una mano y, milagrosamente, la Virgen
le ha restituido la salud; y a fin de que por esta verdad
se le dé crédito en lo que dijere y le tenga para mayor
acción:
suplicamos a Nuesasmercedes se le dé en cuanto dijere.
El
Gobierno de Paracuellos.
Hermano,
para tan poca
cantidad como es quinientos
ducados, es mucho abono
y demasiado el afecto.
Digo que a tiempo venís,
que a vuestro padre tenemos
sin enterrar.
Juan ¡Virgen Santa!
¿Qué es esto que escucho y siento?
D Rod. ¿No sois Juan López?
Juan Yo soy Juan López.
D Rod. ¿Natural de Paracuellos?
Juan Sí Señor.
D Rod. Pues vuestro padre
murió ayer, y le tenemos
del modo que tengo dicho.
Juan Mil gracias le doy al Cielo
un entierro y desentierro.
Mi Señor Gobernador,
es lo cierto que no vengo
para heredar a mi padre,
sino para hacer heredero
de un tesoro peregrino
a este Lugar.
D Rod. No os entiendo.
Hergasto Bien puede Su Señoría
dar crédito a este mancebo,
que yo le ví con mis ojos
hablar con la Virgen.
D Rod. Menos entiendo lo que decís.
Juan Para que no nos cansemos,
está el tesoro y prometo
que todos los tres venimos
tan solamente por verlo.
Hergasto Sí, mi Señor, con la vista
estaremos muy contentos;
que lo que será el tesoro
aquí nos lo dejaremos.
D Rod. Que confusión! Señor Cura,
en este caso ¿qué haremos?
Cura Dar, Señor, al desahogo
lugar, que el tiempo
sacará a la luz este enigma,
como tan grande maestro.
D Rod. Vuesa Merced dice bien:
quiero admitir el consejo:
vamos de conformidad
todos juntos, y saquemos
el tesoro
que no quieren
los que a sacarle vinieron.
Juan Gracias al Cielo que vamos.
Montano Vamos, Señor, y llevemos
azadas para cavar.
D Rod. Que no faltarán, prometo,
azadas y cuanto fuere
menester.
Juan Guíeme el Cielo. Vanse.
Sale Zulema.
Zulema El que quisiere saber
yo daré razón de muchos
porque venir del infierno.
Válame Alá! Que haber visto,
(seniores, vamos atentos),
que hay en el infierno algunos
que pensaron ir al cielo.
Padres hay, porque a sus padres
les perdieron el respeto,
sin advertir que estas burlas
vienen a pagar los nietos.
Mujeres he visto allá
que, sin encarecimiento,
se tragaban en el siglo
muchos altares enteros.
Discretos hay, tan burlados,
que se trocaron por necios,
y es engaño, que también
en este caso lo fueron.
Un necio vi, presumido,
tan hinchado y tan soberbio
que el infierno estremecía
con la voz de ¡Yo me entiendo!
sobre de sí caballeros,
y como bonos jinetes
de su bestia no cayeron.
Oh! Que de lindos he visto
que, peinándose el cabello,
con el tormento que pasan
se olvidan de los tormentos.
Escribanos, ay! que penan,
no por lo mal que escribieron
Si no porque jamás guardaron
el séptimo mandamiento.
Un poeta gravedoso
vi que se estaba comiendo
las uñas, porque tener
en las uñas los conceptos.
Vi sastres, vi boticarios,
doctores, picapiqueros,
que en ajuntarse parecen
las Áspides de Tinéo.
Finalmente, he visto nueras
que por no tragar los suegros,
todo un infierno se tragan
como quien traga un cerezo.
¿No hay quien me pregontar nada?
¿Ninguno hay que tener deudos
por allá? ¿todos caliar?
¡Pues a buscar mensajero! Vase.
Salen
el Cura, Don Rodrigo, Juan López, Montano y
Hergasto con azadas y espuertas; y habrá una retama
puesta
encima de un sepulcro, donde estarán Nuestra Señora, San Blas y las demás cosa que
se enterraron por
los
monjes en el Auto Primero.
Juan Este
es el sitio, señores,
donde
está el bien que buscamos,
y
la retama que esconde
un Cielo, que tiene a cargo
seiscientos años o más.
Y yo, que vengo informado
de esta verdad infalible,
tomo el azadón y cavo
en nombre de Dios. Cava.
D Rod. Yo
pienso seguir este rumbo, en tanto
que
el Cielo Santo permita
ver el fin de este milagro.
Hergasto, dame esa azada.
Hergasto Señor,
por ese otro lado
puede
cavar.
D Rod. Así
lo haré. Cava.
Cura También
Hergasto y Montano
trabajaran
en sacar
lo
que se fuere cavando.
Juan El
Señor Cura será
sobre
estante, que este rato
yo
sé bien que lo dará
por
él más bien empleado.
Cura Ya
que a cavar no me ofrezco,
yo
quiero en el entretanto
pedir
a Dios que suceda Pónese
de rodillas a hacer
todo
como deseamos. oraciones.
¡válgame el Cielo! ¿qué escucho? Suena una campana.
Juan Yo
siento, si no me engaño,
una
campana que, a voces,
dice
en su lengua aquí estamos.
D Rod. Todos,
pienso, la sentimos.
Cura Señor
Don Rodrigo, extraño
suceso,
Cavar importa.
D Rod. No
lo tengo por trabajo
el
cavar, que en el cavar
parece
que hallo descanso.
¡Jesús!
¿Qué caverna es esta? Levántase.
Cura Vayan
con tiento; veamos
lo
que la tierra piadosa
nos
ofrece en su regazo. Mirando
todo.
Hergasto ¡Cuerpo
de Sán! ¿No reparan,
no
ven aquel tabernáculo
que
dentro del cóncavo luce
más
que del sol los rayos?
Montano Tienes
razón, ya le veo;
y
aún me parece que al lado
tiene
otro más pequeño.
D Rod. Es
la verdad. Entre, Hergasto,
y
sáqueles acá fuera.
Juan No
está bien, ni es acertado,
que
Hergasto llegue a tocar
el
tesoro con sus manos.
Montano ¿Pues
quién entrará a sacarles?
Juan ¿Quién
ha de entrar? ¿No está llano
que
al señor Cura le toca?
D Rod. Pues
entre luego y veamos
lo
que el Cielo nos ofrece.
Cura Si
está así determinado,
yo,
en nombre de Dios me arrojo
al
portento que miramos.
Señor
Don Rodrigo, el Cielo
hoy
nos ampara y quedamos
sin
el tesoro, si bien
el verdadero hallamos. Entra.
Aquí he rompido una tabla
y he descubierto el retrato
de la Emperatriz del Cielo.
Juan Ese
tesoro buscamos.
Cura ¡Qué
hermosura peregrina!
Señores, vayan tomando
esta caja de reliquias, que luego
verán el Cielo abreviado.
Esta cruz, esta cajuela, Van sacando lo que
Ara y lámina que saco, dicen los versos.
pongan en cobro, que importa
el mirarles más despacio.
Esta campana sin duda
fue la que, viendo cercanos
estos prodigios que vemos,
se repicó por milagro.
Con la decencia posible
tomen este Obispo Santo
que, sin duda, de la Virgen
ha sido depositario.
Juan Todo
está como conviene.
Cura Pues
el Tesoro Sagrado
de
la Virgen Santa
es este.
Denme,
si pueden, la mano,
que
con esta otra, aunque indigno,
que
el título así lo dice. Todos
de rodillas.
Juan ¡Que
gloria es esta! ¡Que aplauso
se
debe a su Majestad!
Virgen
Santa, relicario
donde
el Verbo se hizo hombre
por
todo el género humano,
dadme
gracia que en la Gloria
llegue
a veros.
D Rod. Dulce
amparo
de
los hombres, dadme gracia,
pues
hoy la gracia me hallo.
Montano Templo
de la Trinidad ,
yo
no he de ser desgraciado;
hoy
vuestra gracia me dad,
hoy
vuestra gracia esperamos.
Hergasto ¿Pues
Hergasto ha de quedarse
sin
gracia de vuestra mano?
Señora,
la gracia espero,
que
así quedaré agraciado.
Cura Yo,
Virgen, que gracia hube
porque
aquí me la habéis dado
para
que sacase en gracia
toda
la gracia en mis manos.
Gracia
os pido, dadme gracia,
que
con la gracia alentado,
podré
vencer la desgracia
quedando
de vuestra mano.
Juan Señores,
para sellar
toda
esta historia, yo traigo
en
este zurrón papeles
que
cuidadoso he guardado.
Manco
de esta mano estuve;
si
a los quinientos ducados
tengo
derecho, y de mi padre
los
heredo, quiero y mando
que en misas se distribuyan.
D Rod. Los
papeles estimamos,
para
poder celebrar
este
bien tan soberano.
Cura Hergasto,
vaya al lugar
y
avise al clero volando,
para
que la procesión
lleve
el Divino Retrato
de
la Emperatriz
del Cielo;
y
que Justicia y Jurados
la honren como es razón. Repican
campanas.
Montano Eso
fuera, si el milagro
de
las campanas no diera
noticias
de este milagro.
Ya
el Lugar, enternecido,
dulcemente
alborotado,
viene
en procesión, Señor.
D Rod. Pues
aquí, a esta historia
damos
fin, pidiendo perdón
a
aqueste Ilustre Senado.
FIN
Copié estos Autos yo, Lorenzo Jossepf Evangelio,
Escribano de Su Majestad público del Número
y Ayuntamiento de esta Villa de Paracuellos,
para mi regalo y memoria de su célebre Historia
en ella, y el ingreso de este año de 1762.


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